

“Se va a poner difícil y estarás triste”. Esa fue una de las frases con las que terminó una relación y comenzó una obra de arte. A Sophie Calle la dejaron por correo electrónico, y en lugar de borrarlo o responderlo, lo convirtió en el corazón de una de las piezas más personales y universales del arte contemporáneo.
En Cuídate, Calle pidió a 107 mujeres que interpretaran ese mismo mensaje de ruptura desde sus propios lenguajes y oficios: bailarinas, actrices, músicas, filósofas, abogadas, adolescentes, terapeutas, francotiradoras… Cada una reescribió, resignificó y confrontó ese adiós con las herramientas de su mundo. Lo que era una despedida se volvió un espejo múltiple y afilado.

¿Es un acto político? Sí. ¿Es una muestra de resistencia? También. ¿Es una oda a la tristeza? Por supuesto. Pero es, sobre todo, una coreografía de cabezas que piensan, sienten, elaboran —una ironía brutal al viejo refrán de que “cada cabeza es un mundo”—, como si Calle nos dijera que incluso el dolor compartido nunca es el mismo.
Sophie Calle ha hecho de su vida y su intimidad un terreno fértil para la creación. Desde seguir a desconocidos por las calles de París hasta invitar a extraños a dormir en su cama, su obra oscila entre el voyeurismo y la confesión.

Leerla (o mirarla) siempre es como entrar a un diario ajeno con las luces tenues y el corazón en la garganta.