
Hay heridas que no cierran, solo se transforman. En Spiritum, el joven director mexicano Adolfo Margulis eleva esa metamorfosis a un acto de arte brutal y luminoso. Su más reciente cortometraje no es solo cine: es un ritual de reconciliación, un testimonio que brota de entre las grietas de la fragilidad humana.
Inspirado en su historia de recuperación, Margulis regresa al centro donde comenzó su sanación, no como paciente, sino como observador y narrador. A principios de la pandemia de Covid-19, decidió emprender un viaje de regreso al Centro de Rehabilitación donde estuvo internado nueve años atrás, con la intención de filmar y recolectar testimonios que le permitieran escribir el guion de Spiritum junto a su co-guionista Penélope Alfeirán. El material recabado, compuesto por entrevistas a internos y escenas de la vida cotidiana, se transformó en el germen de una narrativa que no solo es personal, sino colectiva.


Filmada en ese mismo espacio y con la participación de internos reales —muchos de los cuales sacrificaron su anonimato para contar esta historia—, Spiritum irradia una autenticidad conmovedora, palpable en cada mirada y en cada silencio. Muchos de quienes inspiraron a los personajes lamentablemente fallecieron en el camino, un eco de la fragilidad que recorre la cinta y que dota a la narrativa de una profunda resonancia sobre la muerte como última frontera.
«En el umbral entre el abismo y la esperanza, el cine se vuelve espejo y catarsis».
La trama sigue a Ramiro, un joven adicto que, incapaz de encajar al principio, empieza a vislumbrar su propia verdad a través de las vivencias y confesiones de los demás internos. Sin artificios ni ornamentos, Spiritum se sostiene en la honestidad brutal de quienes, ante todo, están luchando por sobrevivir.
El rodaje implicó retos técnicos notables: se filmó en 35 mm, un formato que exigía rigor absoluto. Con material limitado, cada toma debía cronometrarse al detalle, permitiendo solo una o dos capturas por escena. La decisión de emplear cámara en mano dotó a la película de un tono documental que sumerge al espectador en el espacio, estableciendo un punto de vista que es, a la vez, íntimo y testimonial, como si uno fuera un interno más atestiguando el conflicto interno de Ramiro.


Emergiendo de la obra de Carl Jung, el título de la cinta alude a la palabra spiritus, que refiere tanto al «espíritu» como al «licor», creando una tensión semántica que revela la dualidad esencial de la naturaleza humana: aquello que puede elevarnos también puede destruirnos. En esa frontera invisible, entre el abismo y la esperanza, habita la esencia de este proyecto.
Seleccionado para formar parte de la Competencia Oficial de Cortometrajes en el Festival de Cannes 2025, Spiritum no solo representa un logro para Margulis, sino una declaración de principios: llevar una historia íntima ante una audiencia internacional que celebra el poder del cine como espejo y catarsis. Con un cine visceral, capaz de tender puentes entre la experiencia personal y la conciencia colectiva, Margulis presenta Spiritum como una voz que atraviesa fronteras, una invitación a mirar hacia adentro y a reconocerse en la vulnerabilidad del otro.