
En 2014 la humanidad tomó más fotografías en un solo año que en el resto de la historia. Historia vista en negativo, después en pixeles. Viaje al presente, 2025, y cada dos minutos se toman más fotografías de las que se tomaron en todo el siglo XIX. Bryan Denton no entra en esta categoría.
Ha documentado revoluciones y guerras: la Libia de Gadafi, Siria perseguida de conflicto, la Primavera Árabe y su olor a azufre. La lente también cambia de lugar; el periodista nunca es estático. Al cambio climático lo persigue con la tesis inaugural de la imagen: retener lo que pronto dejará de existir.
Este oficio de privilegio abandonado se resiste a ceder espacio al pensamiento en reversa.Para M Revista de Milenio, el fotógrafo presenta una serie de cuestionamientos que abandonan la política del fotoperiodismo, porque más que estética, lo de Denton es ética.

Estamos saturados de imágenes. ¿Cómo logras que tus fotos ayuden a las personas a entender un mundo en constante cambio?
Creo que el papel de la imagen en la vida de las personas ha cambiado drásticamente en los últimos 20 años, sobre todo desde la llegada de los smartphones. Hacia 2014, se estimaba que en un solo año se tomaron más fotos que en toda la historia previa combinada desde la invención de la cámara.
Yo empecé a fotografiar en 1996, antes de que existieran las cámaras digitales, cuando la fotografía se sentía como un acto increíble de descubrimiento. La cámara era una herramienta de exploración. Con ella podías encontrar cosas desconocidas y exóticas. Hoy, tomar fotos se ha vuelto tan ubicuo —con prácticamente ningún rincón del mundo sin fotografiar— que ayudar a la gente a entender un lugar es más fácil… y, a la vez, más complicado. Las imágenes crean percepciones, y el mercado de percepciones está saturado, como vemos en redes sociales. Todos tienen una opinión. Es más difícil cambiar la opinión de alguien con fotos hoy en día, porque probablemente ya han visto lo que tú fotografiaste.


¿Te consideras un cazador de momentos que, de otro modo, quedarían sin contar?
Creo que hoy en día es difícil encontrar momentos realmente inéditos. Un instante específico quizá no se capture, pero siempre habrá otros similares, o que lo evoquen. Una de las razones por las que desde 2019 me he enfocado en el cambio climático es justamente esa, busco fotografiar cosas que están desapareciendo. Cosas que tal vez dejen de ser visibles pronto.
Formaste parte de un reportaje ganador del Pulitzer sobre Afganistán. ¿Cómo viviste ese momento?
Mi trabajo formó parte de un paquete ganador y, aunque no fui nombrado en el premio, contribuí a la obra reconocida. Es complicado, pero me alegró que nuestro proyecto —sobre cómo Estados Unidos perdió la guerra en Afganistán— fuera reconocido. Afganistán es un lugar en el que he trabajado durante muchos años y que me importa profundamente. Estaba en casa cuando el editor de la sección internacional de The New York Times me escribió para preguntarme si podía hablar en cinco minutos. Creo que mi primera reacción fue: “¿Está todo bien?”. Fue muy divertido poder formar parte de las celebraciones en la oficina de Nueva York.

¿Cuál ha sido el encargo más duro que has tenido?
No fue un trabajo en específico, sino el periodo de 2011 a 2014, durante la Primavera Árabe. Fue una etapa en la que vi a muchos amigos y colegas morir o resultar heridos.
Con tantas historias duras y retos para contarlas, ¿qué tan importante es la fotografía real con la IA y las redes sociales?
No estoy seguro, para ser honesto. No me preocupa tanto la IA en el periodismo: los humanos seguirán necesitando recolectar información y contar historias. Los medios seguirán queriendo fotos tomadas por personas reales de cosas reales. La pregunta es si querrán pagar un salario digno por un producto que se percibe como abundante. Ya pasaron los días en que la gente esperaba cada semana un double spread de revista bien pensado. Ahora consumimos contenido en el teléfono, fotos y noticias incluidas. Cada vez más, son videos verticales, imitando a TikTok o Instagram: el scroll constante. Puede ser informativo, pero se siente como comer comida rápida.

¿Sientes un peso o responsabilidad por ser los ojos del lector?
Lo tomo en serio, pero no lo veo como una carga. Es un privilegio poder contar historias con una cámara, especialmente en esta economía mediática.
¿Hay algo de depredador en fotografiar en lugares difíciles?
Creo que puede haberlo. Depende de la intención del fotógrafo. Si te interesan las personas y sus experiencias, vas bien encaminado. Algunos fotógrafos están más enfocados en la estética del conflicto o la pobreza, pero eso suele notarse en su trabajo. Hoy la vara está muy alta y, cada vez más, los fotógrafos locales cuentan las historias de sus propias comunidades.
¿Miras directamente a las personas cuando las fotografías? ¿Has sentido miedo al hacerlo?
Trato de no interactuar directamente cuando hago la imagen; prefiero desaparecer para que la persona sea ella misma. Engancharse demasiado hace que la foto trate sobre mi presencia. Desaparecer es un arte que me tomó más de una década aprender. He tenido miedo muchas veces. No es agradable. Es una de las razones por las que dejé de hacer trabajo de primera línea en conflictos: no me gustaba lo que le hacía a mi sistema nervioso.

¿Te consideras artista visual?
Antes sí. Luego me vi más como periodista. Con este cambio de carrera, me emociona redescubrir mi relación con la fotografía. Hay mucha expectativa. No sé hacia dónde me llevará.
¿Cuál es tu trabajo más importante?
¿Todo? ¿Nada? Tal vez es pronto para saberlo. Las imágenes son cosas vivas. Pueden ser importantes un minuto y no al siguiente, o al revés, según cómo la historia se desarrolle.