
En un mundo saturado de objetos, Studio Conchita se distingue por crear piezas que no solo se portan, sino que se sienten. Fundado por la artista joyera Renata Blanco, encuentra en el vidrio su lenguaje más íntimo, este estudio con sede en México fusiona técnicas ancestrales, sensibilidad contemporánea y una estética profundamente emocional. Cada pieza –ya sea una joya, una escultura o un objeto utilitario– nace de un proceso colaborativo que honra la tradición artesanal, pero también la re-imagina desde lo imperfecto, lo asimétrico y lo sensual.
Con una práctica que transita entre el arte y el diseño, Studio Conchita propone un enfoque radicalmente honesto sobre la belleza: aquella que se manifiesta en la fragilidad, en el gesto y en la conexión emocional. A lo largo de esta conversación, su fundadora comparte las raíces de su visión creativa, el poder simbólico de los materiales, su compromiso con la sostenibilidad y los caminos futuros que imagina para su proyecto.
En su más reciente colección, Retorno de Saturno, la marca toma como punto de partida el tránsito astrológico que marca el cierre de un ciclo vital para explorar, a través de símbolos, colores y materia, la transformación personal. Esta colección representa también una expansión técnica y conceptual de su universo creativo.
En los últimos meses, Studio Conchita ha consolidado su presencia internacional con un trunk show en Moda Operandi y fue reconocida como “Marca de Accesorios del Año” por LAFS en Miami. Además, inauguró su primera tienda física en marzo de 2025: un espacio que funciona como punto de encuentro con sus clientes y como taller, donde la artesanía se vive de forma íntima y consciente. Aquí, cada pieza es también un acto ritual de creación.
Desde el calor del taller hasta el reconocimiento internacional, la historia de Studio Conchita es también una historia de resistencia estética, intuición y transformación. Un recordatorio de que, a veces, lo más delicado también puede ser lo más poderoso.

Tu trabajo con el vidrio se distingue por formas orgánicas y gestos fluidos. ¿De dónde surge esta inclinación por lo imperfecto y lo asimétrico?
Considero que todo lo hecho por el ser humano es imperfecto y asimétrico por naturaleza, y hay una cierta perfección y armonía en ello. En el estudio enaltecemos técnicas ancestrales y las revalorizamos, porque creemos que el verdadero lujo está hecho a mano.
El vidrio es un material que oscila entre la fragilidad y la fuerza. ¿Cómo dialogas con estas tensiones al momento de diseñar una pieza?
Me encanta esta pregunta porque, justamente, el estudio se enfoca en ese diálogo. La fragilidad y la fuerza no son opuestos; al contrario, forman parte de un mismo universo donde se complementan. El vidrio es bello por su fragilidad e impresionante por su fortaleza: su capacidad de mutar lo convierte en un material fascinante.
¿Podrías contarnos cómo fue el proceso de fundación de Studio Conchita y qué inquietudes personales te llevaron a elegir este nombre?
Studio Conchita fue mi manera de encontrar una voz creativa, mi propio lenguaje con el mundo que me rodea. Trabajo con vidrio porque crecí con este material, gracias a mi papá. Vemos todos los objetos que creamos en el estudio como conchitas: únicos, especiales, sin dos iguales.
A menudo, tus objetos evocan formas biomórficas que remiten al cuerpo o a elementos naturales. ¿Qué papel juega la sensualidad en tu propuesta visual?
La sensualidad, para mí, es una presencia sutil y poética. En mi trabajo no es explícita; es una fuerza latente que busca generar una conexión sensorial y emocional con quien observa o utiliza la pieza.
Tu trabajo parece situarse en un punto intermedio entre la escultura y el diseño utilitario. ¿Cómo entiendes esta dualidad entre arte y función?
Para mí, no hay una gran diferencia. Ambos invitan a una conexión íntima con el ser humano. Ya sea una escultura o una joya, lo importante es que generen vínculo, emoción y presencia. Digamos que la intención es la misma.
El vidrio soplado tiene una fuerte tradición artesanal. ¿Cómo ha sido tu vínculo con los talleres y los artesanos que colaboran contigo?
Al principio fue un reto, porque los talleres de vidrio eran muy tradicionales en sus formas, y encontrar un lugar y una voz en un entorno donde casi no hay mujeres fue difícil. Con el tiempo me fui sintiendo más cómoda; aprendí a escuchar, para también ser escuchada. Ahora disfruto mucho ese diálogo, que se ha convertido en una colaboración genuina.
Muchas de tus piezas parecen invitar a una relación táctil. ¿Qué lugar tiene el cuerpo –el gesto, el uso, la cercanía– en tu proceso creativo?
Creo que lo que hace verdaderamente poderoso a un objeto es su capacidad de conectar con el ser humano, de volverse parte de su vida cotidiana o de sus rituales más íntimos. La joyería, en particular, es profundamente emocional: puede evocar recuerdos, hablarnos del lugar del que viene, de la persona que nos la regaló, o funcionar como un talismán que nos acompaña y protege. Ser parte de ese universo simbólico es algo muy valioso para mí. A través de las piezas tengo la posibilidad de establecer conexiones con otras personas de una manera intuitiva y cercana.


¿Cómo influye tu entorno, especialmente México, en la paleta cromática, las formas o incluso en la narrativa de tus piezas?
¡Me encantan los colores! Y en México hay una explosión de color en todos lados. A veces siento que el reto está en organizarlos para que convivan en armonía. Vivimos en un país con una tradición artesanal y cultural riquísima, con una cosmovisión muy profunda. Me inspira muchísimo tener todo eso tan cerca.
En un mundo saturado de objetos, ¿cómo piensas la sostenibilidad desde una práctica que, por naturaleza, implica transformación de materiales y consumo?
Para mí, la sostenibilidad significa crear de forma consciente, con responsabilidad hacia el entorno y también hacia las personas que forman parte del proceso. Por eso trabajamos bajo un modelo de economía circular. Hemos encontrado formas de implementar procesos amigables con el medio ambiente: utilizamos vidrio reciclado para nuestros objetos utilitarios y hemos desarrollado un programa de restauración para nuestras piezas de joyería. No hay necesidad de desechar cuando se puede reparar o transformar.
¿Qué estás explorando actualmente en tu práctica y hacia dónde te gustaría llevar a Studio Conchita en los próximos años?
Acabamos de lanzar una nueva colección llamada Retorno de Saturno, inspirada en un proceso personal. La colección explora el tallado en piedra, una técnica ancestral que ahora se suma a las ya presentes en nuestro trabajo, como el vidrio trabajado en flama y la orfebrería.
Estamos en una etapa de crecimiento muy importante. En el último año tuvimos el honor de ganar el Pitch to LAFS en Miami en la categoría de «Diseñadora de Accesorios del Año», un reconocimiento valioso que nos impulsó a confiar aún más en la visión de Studio Conchita. Poco después, tuvimos la oportunidad de presentar un trunk show en Moda Operandi, un paso clave para nuestro posicionamiento internacional, y una confirmación de que hay un público que conecta profundamente con nuestro enfoque artesanal y simbólico.
Queremos que Studio Conchita no sea solo un espacio de diseño y creación de objetos, sino también un lugar donde se revaloricen los oficios, las técnicas tradicionales y la conexión emocional con lo material. A futuro, me gustaría llevar el estudio hacia una plataforma más interdisciplinaria: colaboraciones con otros artistas y diseñadores, investigaciones en torno a la materia. También queremos seguir profundizando en temas como la memoria, el cuerpo, lo ritual y lo cotidiano, a través de objetos que no solo se usen, sino que se vivan.