Segunda piel

La piel, para Hermès, no es material ni ornamento, sino una forma de pensamiento. Cada pieza parece contener una biografía silenciosa, escrita a golpes de paciencia. Si la casa francesa ha pasado más de un siglo dedicada al oficio, es porque entiende que el tacto también puede ser una manera de meditar. En cada hilo que atraviesa el cuero, hay una pregunta que se repite: cómo volver eterno lo efímero. Lo que en otros es lujo, en Hermès es convicción; un acto de devoción hacia la materia, como si en ella residiera la posibilidad de lo humano.