
Hay sabores que permanecen en la memoria. Con esa idea, el chef y restaurantero Tomás Bermúdez abrió Taquería La Estrella. El proyecto rinde homenaje a la tradición del norte de México. Su ambición es clara: convertirse en referencia para los amantes de la asada en la capital.
Inspirada en recuerdos de Durango, La Estrella recupera el espíritu del asadero clásico. El sonido del hacha marca el ritmo. El carbón encendido perfuma el espacio. La relación entre asador y comensal es directa. Se viene a comer bien, sin rodeos.
La carne asada es el centro del menú. Utilizan Wagyu de Durango de libre pastoreo. El ganado se alimenta con maíces criollos y pasta de ajonjolí. La carne termina su cocción en ollas de barro con grasa de Wagyu y cerveza. El resultado es jugoso y profundo. Las tortillas de harina se hacen al momento y llegan calientes a la mesa.



LEntre los imperdibles está la costilla con cadena, donde el hueso es el premio. También el taco de molleja, cocinado durante cuatro horas hasta lograr una textura precisa. El queso asadero, en versiones chihuahua y menonita, completa la experiencia. El caldo duranguense suma un acento reconfortante.
La carta de bebidas incluye aguas frescas, caguamas en cubeta y destilados de agave. Todo acompaña sin distraer.
El espacio tiene capacidad para 70 personas. Evoca antiguas carnicerías. En los muros cuelgan piezas de Eduardo Sarabia. La Estrella quiere ser destino en la Juárez. Los viernes hay música en vivo. El culto es claro: tacos de asada con materia prima excepcional.