
La historia del tenis, como la historia de todo lo que importa, no se escribe sin oscilaciones. A veces aparece torcida, en partidos suspendidos por la lluvia o por el toque de queda. A veces, como hoy en Wimbledon, una jugadora que pierde el primer set ante la número 397 del mundo y responde ganando los siguientes dos como si nada hubiera pasado.
En Wimbledon, el torneo que más se parece a una ceremonia, la jornada de este jueves fue un recordatorio de que debajo del césped, la compostura y las fresas con crema, sigue habiendo tensión. Y también una forma de dignidad: la de quienes se caen y siguen.

Iga, Mirra y Barbora
La número uno del mundo, Iga Świątek, estuvo a cinco juegos de irse a casa ante Caty McNally, una jugadora con ranking de tres dígitos y mirada de quien no tiene nada que perder. Świątek perdió el primer set 5-7, y lo más notable no fue su reacción inmediata, sino su ritmo. No buscó el punto rápido. Fue recuperando terreno con paciencia, hasta ganar los dos siguientes 6-2 y 6-2. Fue un triunfo que dice mucho de su mentalidad de juego.
Mirra Andreeva, 17 años, ganó 6-1 el primer set contra Lucia Bronzetti y luego tuvo que contener nervios y a su rival en un tiebreak cerrado. Lo logró. En Wimbledon, la edad se vuelve anecdótica cuando el juego se impone.
Y Barbora Krejčíková, actual campeona, también tuvo que jugar tres sets ante Carolina Dolehide. La checa, que viene arrastrando molestias físicas, ganó 6-4, 3-6, 6-2. Lo suyo fue resistencia de memoria. Recordar cómo se gana, aun cuando el cuerpo no coopera del todo.
Rybakina y Navarro
Elena Rybakina, campeona en 2022, arrasó a Maria Sakkari 6-3, 6-1. Una de esas victorias que no dejan espacio para la especulación. Cuando está bien físicamente, Rybakina es una máquina de puntos ganadores.
Emma Navarro, por su parte, no tiene aún un título mayor, pero juega como si le incomodara la duda. Venció 6-1, 6-2 a Veronika Kudermetova, con la serenidad de quien ya no necesita validación. El sábado la espera Krejčíková.

En el cuadro masculino
Jannik Sinner sigue avanzando con el aplomo de quien ya no tiene que probar nada. Hoy venció a Aleksandar Vukic 6-1, 6-1, 6-3. Sin drama, sin duda. Aunque eso sí, después de más de cinco match points.
Novak Djokovic, a los 38 años y con la rodilla aún en conversación médica, despachó a Dan Evans 6-3, 6-2, 6-0. Fue una clase de control en la pista central. Ni una gota de sudor extra. Como si el cuerpo supiera que debe durar lo suficiente para llegar al domingo final.
Cilic y Draper
El partido más emotivo del día fue entre Marin Čilić y Jack Draper, el británico llamado a ser la cara del relevo. Draper perdió en cuatro sets, lo hizo ante un veterano que regresó de dos cirugías de rodilla y cuatro años fuera de Wimbledon. Puede que Čilić no esté para ganar el torneo, pero hoy jugó como si su carrera dependiera de ello. Quizá era eso.
El día termina, pero no del todo
Ben Shelton ganaba 6-2, 7-5, 5-4 a Rinky Hijikata cuando el toque de queda suspendió el juego. El día, como tantas veces aquí, se fue sin terminar. Como un set inconcluso, como una conversación pendiente.
Y eso también es Wimbledon. Un lugar donde la historia, la resistencia y el tiempo —ese otro jugador invisible— se sientan juntos, cada día, en la misma mesa.
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