
Cada jugada de los tenistas maltrata la hierba de Wimbledon, pero también la modifica para dejar pistas de su modo de juego. El césped es página, ahí se pueden leer los movimientos de nuestros héroes. Y hoy, se escribieron resistencias, comienzos y silencios rotos.
Sonay Kartal
A las 4:1 perdía. Nadie la miraba demasiado. Sonay Kartal, británica, número 51 del mundo, debutando en la cancha 1. Pero algo pasó. Kartal no se quebró: tejió nueve juegos seguidos contra la francesa Parry. Ganó 6-4, 6-2. Su premio: enfrentará a Anastasia Pavlyuchenkova, quien hoy borró de la cancha a Naomi Osaka, cuatro veces campeona de Grand Slam. La historia sigue.
Cameron Norrie
Flor de punto sacó en el tiebreak del primero. Un revés cruzado, como quien corta el viento con un hilo. Cameron Norrie, hijo pródigo, ex número uno británico, volvió. Pasó sobre Mattia Bellucci, tres sets limpios: 7-6, 6-4, 6-2. Vuelve al cuarto round como quien entra a su casa después de haber dormido afuera.
Alcaraz
Carlos Alcaraz no sonríe mucho en Wimbledon. No se juega solo con raqueta. Se juega con la espalda del que te mira desde la tribuna, con los ojos de los fantasmas. Hoy enfrentó a Jan-Lennard Struff, alemán sin miedo, con un saque filoso y la dignidad del que viene a perder con estilo.
Pero Alcaraz no regaló espacio. Perdió el segundo set, sí, pero no el control. 6-1, 3-6, 6-3, 6-4. Se movió como quien recuerda el camino sin necesidad de verlo. En el cuarto set, clavó una volea de revés y selló la ruptura. El público se levantó como si el césped hubiera gritado por él.
31 victorias sobre hierba. Nadie en la era Open lo había logrado tan rápido. Pero él no habla de números. Dice: “Estoy orgulloso de cómo jugué. Sufrí. Pero estoy feliz”. Como si el sufrimiento y la felicidad no fueran opuestos, sino caminos que se cruzan sobre el pasto sagrado.