Violeta Hernández sobre su proceso y su colaboración con American Eagle

La artista Violeta Hernández habla sobre crear desde la emoción, colaborar con libertad y el arte como una forma de equilibrio interior.

VIOLETA HERNANDEZ
Fotografía cortesía.

Violeta Hernández dibuja para permanecer en calma, para habitar un lugar más suave que el mundo tal como lo conocemos. No es escapismo, exactamente. Es una forma de habitar el presente con más intención.

En su estudio, la línea y el silencio conviven. Los colores no gritan; se insinúan. Su trabajo, que ha viajado desde la cerámica hasta las portadas de bandas como Arctic Monkeys y The National, es un intento sostenido de crear atmósferas donde uno pueda respirar mejor. No es raro que las imágenes que más la conmueven tengan que ver con el agua, con el movimiento lento de una canoa sobre una laguna. Hay algo de eso en su trazo: una navegación pausada, hipnótica, hacia un mundo que no busca imitar la realidad, sino comprenderla.

En esta conversación, Violeta habla del arte como refugio, de la música como detonante visual, y del reto de sostener la autenticidad en una época donde todo, incluso lo íntimo, corre el riesgo de volverse contenido. Aquí, no hay respuestas definitivas. Solo preguntas bien formuladas y la honestidad de quien ha aprendido que crear también es una manera de pensar en voz baja.

VIOLETA HERNANDEZ
Fotografía cortesía.

“Estoy constantemente intentando crear atmósferas en las que me gustaría vivir.” — ¿de qué mundo estabas escapando cuando comenzaste a crear el tuyo?

Soy una persona inquieta desde siempre, de pronto pienso muy a profundidad las cosas y eso puede generarme un poco de ansiedad. El ejercicio de dibujar o crear ha sido la forma de modular mis emociones, me transporta a un estado de serenidad y claridad.

¿Cuál es tu primer recuerdo de haberte sentido profundamente conmovida por una imagen?

Cuando era niña, mis papás me llevaron al Planetario Alfa (en Nuevo León, lugar donde nací). En ese momento tenía quizá alrededor de 6 años, y el Planetario proyectaba documentales en una pantalla IMAX en forma de domo. Tengo un recuerdo claro del sonido del agua y la imagen de una canoa sobre una laguna viajando de un extremo de la pantalla al otro. Fue algo impresionante; recuerdo haber sentido una mezcla de sorpresa y miedo.

Tus líneas se sienten fluidas pero deliberadas. ¿Eres alguien que boceta primero o que se lanza directamente?

Depende de la finalidad del proyecto. Cuando hago cerámica, me doy mucha libertad y, generalmente, no tengo el control para planear; eso es algo que me gusta. Pero para el resto de mis proyectos, boceto mucho, investigo, hago pruebas de línea o color, porque disfruto mucho dibujar y vivir el proceso, a veces incluso más que el resultado final.

Has trabajado con bandas como Arctic Monkeys y The National, muy diferentes entre sí. ¿Cómo se filtra el sonido en tu pensamiento visual?

Aunque mi arte está muy alineado con la naturaleza, hay un millón de maneras de explorar la gráfica. Existen formas tan distintas de interpretar una flor o cualquier elemento orgánico, así como una gama muy amplia de colores y materiales de impresión; por lo tanto, las posibilidades son infinitas. Juego mucho con eso: composiciones monocromáticas o saturadas de color, disposición tipográfica, texturas y papeles. Aunque todo parte del mismo imaginario, siempre se obtienen resultados diferentes.

¿Escuchas música mientras trabajas, o el silencio también tiene un papel en tu proceso?

Ambos. Descubrir música nueva me estimula muchísimo, y cuando digo ‘nueva’ me refiero a discos que tienen muchos años y que quizás no había escuchado antes, o a los que escuché hace diez años y percibo de manera diferente ahora. También valoro el silencio, sobre todo el silencio matutino. Aunque depende mucho de lo que esté haciendo: bajando ideas, bocetando, escribiendo o ejecutando tareas más mecánicas. Desde luego, el clima, el color del día y mi estado anímico también influyen.

¿Hay algún póster o portada de disco (que no sea tuyo) que consideres perfecto—y por qué?

Me gusta lo que hizo Vaughan Oliver para músicos de la 4AD como Cocteau Twins, This Mortal Coil, Pixies, Dead Can Dance, etc. Una de mis portadas favoritas es la de Head Over Heels de Cocteau Twins, transmite esta energía etérea que me encanta. Si piensas en el contexto en el que se desarrollaron esos artes había mucho trabajo análogo, collages, maquetas, fotografía, soy una romántica de esos procesos. Otra portada que me encanta es Through the Looking Glass de Midori Takada, el arte es de Yoko Ochida.

¿Cómo llegó la invitación de American Eagle y cuál fue tu primer instinto cuando escuchaste “colección de festivales”?

Me contactaron directamente por mail y me platicaron la idea general que tenían. Pensé que era un proyecto hecho a mi medida y una oportunidad perfecta para experimentar con textiles, una inquietud que he tenido desde hace varios años. Honestamente, al inicio tenía mis dudas, porque marcas del tamaño de American Eagle suelen tener lineamientos muy estrictos, pero en este caso todo fluyó de manera muy orgánica y con total libertad creativa.

El enfoque en lo femenino dentro de este proyecto, ¿cambió la forma en que lo abordaste o es la feminidad algo que ya está incrustado en tu lenguaje visual?

Es algo que ya está incrustado en mi lenguaje visual, aunque siempre he pensado que mi gráfica es muy unisex y me gusta que en la indumentaria se disuelvan cada vez más estos estándares sobre lo que es femenino y masculino. El brief del proyecto se concentró en el color, la naturaleza y la música, sin abordarlo desde una perspectiva de género. Trabajé con libertad absoluta y me involucré en el proceso de lanzamiento de esta colección con un equipo conformado mayormente por mujeres increíbles. Para mí, el ‘enfoque en lo femenino’ está ahí.

¿Cómo equilibras la integridad de tu mundo artístico con las necesidades de una marca o cliente?

Colaboro con marcas que se alineen con mi gráfica, respeten mis procesos creativos y compartan mis valores. Más allá de eso, todos mis proyectos siguen procesos muy similares: investigo, documento, dialogo, reflexiono y me involucro en cada etapa. Me apasiona cada fase del proceso, desde el inicio hasta el final. El resultado siempre es un producto, que puede tomar infinidad de formas: una figura cerámica, un textil, una pintura, serigrafía, un logotipo… Creo que la “integridad del arte” está más relacionado con la sensibilidad y el ‘cómo’ creas o materializas las cosas.”

Las redes sociales han convertido la ilustración en contenido. ¿Cómo proteges el espacio interior de tu obra frente a las demandas performativas de Instagram?

Siendo consciente de que no puedo prescindir de las redes sociales, pero entendiéndolas como una herramienta más de trabajo, sin tomármelas demasiado en serio. Intento aprender a usar las redes a mi favor y no al revés, enfoco mi energía en experiencias reales y genuinas, que, de vez en cuando, se asoman en Instagram.

¿Qué es algo que estás intentando desaprender en tu trabajo actualmente?

Ser menos exigente y estructurada, pensar mucho menos las cosas. Estoy haciendo ese ejercicio a través de la pintura y la cerámica.