Zimmermann mira a las pioneras australianas para Otoño 2026

Zimmermann encuentra en las pioneras australianas de los años veinte el punto de partida de Trailblazer, una colección Otoño 2026 donde utilidad, sensualidad y libertad construyen una feminidad independiente.

Zimmermann Otoño Invierno 2026

La emancipación femenina también puede rastrearse a través de la ropa. Para Otoño 2026Zimmermann dirige la mirada hacia las mujeres australianas de los años veinte. Aquella generación conquistó espacios que hasta entonces parecían reservados para los hombres. Su independencia, sentido práctico y disposición al riesgo construyen el argumento de Trailblazer

La referencia tiene una dimensión personal para Nicky Zimmermann. Su abuela fue salvavidas en Coogee Beach durante su adolescencia. Sus historias llevaron a la diseñadora a investigar otras figuras de aquella década. Entre ellas aparece la escritora Miles Franklin, quien también impulsó el trabajo de nuevas autoras australianas. 

También están Kathleen Howell y Jean Robertson, dos de las primeras mujeres que atravesaron Australia en automóvil. Una fotografía de ambas encendiendo sus cigarrillos sobre un coche sintetiza buena parte de la actitud de la colección. A ellas se suman los primeros equipos femeninos de cricket del país. Sus retratos transmitían irreverencia, camaradería y una libertad poco convencional para su época. 

Zimmermann traduce ese espíritu mediante el intercambio entre códigos femeninos y masculinos. La primera parte de la colección se concentra en la utilidad. Aparecen jumpsuits, tejidos estructurados y referencias a uniformes deportivos. Después, las siluetas evolucionan hacia prendas fluidas y elementos derivados de la lencería. 

Los códigos masculinos pierden su rigidez al entrar en contacto con el cuerpo. Pañuelos de seda ilustrados con escenas de aviación y deporte se transforman en vestidos y faldas. Los uniformes blancos de cricket reaparecen como sastrería de lana color crema. Mientras tanto, una chaqueta escultórica de mezclilla recupera las proporciones de los uniformes de aviación. 

Las capas permiten que estas referencias convivan sin establecer jerarquías. Shearling, terciopelo y seda se combinan con camisas de mangas exageradas, prendas interiores y tejidos escultóricos. Así, una misma pieza puede cambiar de función dependiendo de cómo se construye el conjunto. 

El movimiento, uno de los códigos recurrentes de Zimmermann, articula buena parte de las siluetas. Un vestido cruzado de encaje cae sobre mezclilla de pierna ancha. Una bomber de piel azul se combina con una falda de seda con volantes. La fuerza de las prendas exteriores encuentra así un contrapunto en materiales más ligeros y sensuales. 

La tensión continúa en la sastrería. Los esmoquin incorporan encaje japonés y se combinan con lencería elaborada. Los sujetadores aparecen como una capa exterior antes de evolucionar hacia construcciones cercanas al corsé. La ropa interior deja de permanecer oculta y participa directamente en la arquitectura de la silueta. 

Las referencias al Art Déco aparecen en estampados, cortes geométricos y vestidos de terciopelo. Los accesorios también recuperan texturas propias de los años veinte. Mules bordados, bolsos nocturnos y joyería con aves exóticas completan el relato. Además, el bolso Cloud 91 se reinterpreta en nuevas siluetas hobo y shopper

Trailblazer evita convertir a sus referentes en figuras estáticas del pasado. En cambio, Zimmermann recupera aquello que las volvió modernas: su capacidad para apropiarse de espacios, códigos y comportamientos ajenos a las expectativas de su época. Un siglo después, esa libertad continúa siendo el elemento más contemporáneo de la colección.