
Al ver el mapa, Palm Springs aparece perfecto, planeado. Estético, incluso, desde lo que se dibuja en el diagrama de la ciudad. En persona la belleza es distinta. Montañas enormes de color marrón, desiertos infinitos que albergan interminables secretos y un clima que parece aceptar su realidad de paraíso en tierra y palmera. A las faldas del cañón de Tahquitz, uno de los cerros que abrazan a Palm Springs, está el autoproclamado ‘oasis’ en medio del desierto, el Ace Hotel & Swim Club.
A dos horas del CBX (Cross Border Xpress), el cruce más rápido de la frontera norte, está esta joya oculta de Inland Empire. Apenas acercarse a su arquitectura el propósito ya está cumplido: regresar un poco en el tiempo, tener la experiencia del sueño americano –cada vez más un recuerdo que una realidad–. Diseño a la Bauhaus apenas abrir la puerta al lobby, el nogal salpicado en mueblería de trazos que no muy bien responden a lo cuadrado. Ventanales enormes, ansiosos por derramar su luz transformada sobre un comedor que ya había visto antes, en películas de Tarantino o en alguna de los hermanos Coen.



Ese mismo diseño se desliza por un pasillo que lleva al bar. Todo, aún oculto del cielo aperlado que se regala en California. Se abre la puerta y todo tiene sentido. Como si de un auditorio se tratara, todos los cuartos rodean la joya principal, el oasis: la piscina. El swim club cobra vida por el diseño que lo rodea y camina por la tierra que lo habita. Puede ser una predilección cultural, puede ser una amistad con la estética, también el lugar y la hora correctos; pero es una certidumbre que el oasis me encontró en el número 701 de Palm Canyon.





Un lugar prometido, necesario
Todo lo que el imaginario colectivo ha creado sobre la enorme figura que rellena Los Ángeles cobra vida en el Ace Hotel; y lo que antes podría delegarse a la ficción, es una realidad que habita en esta esquina de Palm Springs. Mientras se diluye el tiempo en la piscina al ritmo del atardecer, hay quien hojea un libro como si estuviera en su sala. Otros se dejan al juego de Hollywood y ser estrellas de cine con gafas oscuras que devuelven reflejos del desierto, y algunos simplemente dejan que el sol escriba su propio relato sobre la piel.
No es un resort, tampoco una cápsula de diseño: es una ficción posible. El Ace Hotel & Swim Club es ese espacio intermedio entre lo soñado y lo vivido, donde el desierto se promete como principio, y donde Palm Springs revela que la cualidad del espacio viene de sus márgenes, no de su núcleo.
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