ALT* Film Festival y la transformación de la mirada

ALT* regresa del 28 al 31 de mayo con una programación internacional que explora las complejidades políticas, sociales y afectivas de las experiencias queer contemporáneas.

Silent Voice ALT* Film Festival
Silent Voice, 2020.

El cine documental queer, particularmente en América Latina, ha operado históricamente como una forma de supervivencia. Frente a sistemas que insisten en borrar, criminalizar o precarizar ciertas vidas, la imagen se convierte en archivo, evidencia y posibilidad de futuro. ALT* Film Festival entiende el cine como una herramienta de memoria y transformación colectiva.

En su tercera edición, el festival regresa a la Ciudad de México del 28 al 31 de mayo con una programación integrada por 24 cortometrajes y largometrajes provenientes de 23 países. La selección construye una cartografía contemporánea de las experiencias LGBT+, atravesadas por desplazamientos políticos, raciales, migratorios y afectivos.

Para Souleyman Messalti, el documental posee una capacidad particular de confrontar aquello que muchas veces permanece fuera de campo. “El documental tiene algo muy poderoso: puede mostrar lo que a veces no se quiere ver”, afirma. Además, entiende el cine como una herramienta capaz de emocionar, conectar y dejar huella a través de experiencias profundamente humanas.

Esa sensibilidad atraviesa la construcción misma de ALT* Film Festival. Desde su origen, el proyecto buscó alejarse de una idea rígida del documental. “Quería romper con esa idea de que el documental es algo denso, lineal o aburrido. Hay piezas increíblemente creativas, híbridas, experimentales… formas muy distintas de contar lo real.” La experimentación formal aparece así como parte esencial de la resistencia cultural queer.

La dimensión internacional del festival no diluye su relación con el contexto latinoamericano. Por el contrario, la vuelve más urgente. En una región donde continúan registrándose niveles alarmantes de violencia homofóbica y transfóbica, registrar un cuerpo, una transición o una comunidad implica también insistir en su derecho a existir.

La inauguración en LagoAlgo con The Last Year of Darkness articula esa lectura desde otro territorio. La película retrata la desaparición de un espacio underground en Chengdu y sigue a una comunidad queer enfrentando la transformación urbana de la ciudad. El club nocturno deja entonces de funcionar únicamente como escenario de ocio y se convierte en un refugio colectivo amenazado por dinámicas económicas y sociales más amplias.

ALT* Film Festival

Dentro de la programación, varias películas abordan procesos de transformación íntima desde perspectivas profundamente políticas. En camino a Leo observa la transición de un adolescente y el desplazamiento emocional de su madre. Niñxsexplora formas de resistencia y crecimiento en Tepoztlán. Mientras tanto, Silent Voice sigue a un refugiado checheno reconstruyendo su identidad lejos de su país de origen.

Uno de los momentos centrales será el estreno latinoamericano de Out Laws, documental que examina cómo legislaciones heredadas del colonialismo continúan criminalizando la homosexualidad en distintas regiones del mundo. La selección refleja también una decisión curatorial consciente de trabajar desde la complejidad. “La interseccionalidad no es una consigna, es una necesidad curatorial para entender la complejidad de las realidades para las personas LGBT+”, señala Messalti.

El festival también desplaza las formas tradicionales de exhibición. La proyección especial de Cassandro, el Exóticodentro de una arena de lucha libre reorganiza la relación entre película y espacio. Esa descentralización responde a una intención específica. “Queríamos que el festival no fuera solo para quienes ya están en la conversación”, explica Messalti. “El cine queer también tiene que ser callejero, inesperado, cercano.”

Las sedes forman parte esencial de esta lógica. Espacios como Cine Tonalá, Centro Cultural Bella Época, Goethe-Institut, Centro Cultural de España en México y Luzy expanden el festival hacia distintos públicos y contextos urbanos. De este modo, ALT* Film Festival se construye como una red de encuentros más que como un evento centralizado.

La celebración también ocupa un lugar político dentro del proyecto. Frente a contextos marcados por violencia y censura, ALT* Film Festival insiste en preservar el placer, la fiesta y el deseo como formas de resistencia. “Resistir también es bailar”, afirma Messalti. “Si solo respondemos a la violencia con dolor, ellxs ganan.”

ALT* Film Festival construye un espacio donde el cine documental queer funciona simultáneamente como archivo afectivo, gesto político y práctica colectiva. Las películas mantienen abiertas sus contradicciones, desplazamientos y zonas de fricción, insistiendo en la posibilidad de imaginar otras formas de existencia compartida.