
Un hombre camina entre luces de neón y rascacielos nacientes. Es Ah Bao, protagonista de Blossoms Shanghai, y podría ser también una sombra del mismo Wong Kar-wai. Tras una década de silencio cinematográfico, el director hongkonés regresa no con una película, sino con su primera serie de televisión: treinta episodios, 25 horas, que se despliegan como un tapiz lento y delicado sobre el Shanghai de los años noventa.
Inspirada en la novela Blossoms de Jin Yucheng, esta saga del hongkonés se sumerge en la historia de un hombre hecho a sí mismo. Un Gatsby oriental que se alza desde los márgenes hacia las alturas doradas de una ciudad en ebullición. Ahí, en la complejidad de sus deseos y contradicciones, Wong teje una narrativa que no busca respuestas fáciles, sino momentos que respiran. Una mirada desde una ventana empañada, una canción que suena lejana, un gesto que dice más que un monólogo.


Después de arrasar en su estreno chino en Tencent Video y CCTV-8 en Asia, y consagrarse en los Premios Magnolia del Festival de Televisión de Shanghái, Blossoms Shanghai prepara su desembarco internacional. MUBI ha adquirido los derechos en Europa, Latinoamérica, Turquía e India; y el Criterion Channel lo lanzará en Estados Unidos a finales de 2025. Así, la serie continúa la exploración iniciada en In the Mood for Love y 2046, pero ahora con Shanghai en el centro. Ya no como recuerdo o sueño, sino como cuerpo vivo, efervescente y contradictorio.
La fotografía de Peter Pau (ganador del Oscar por Crouching Tiger, Hidden Dragon) y la dirección de arte de William Chang, cómplices habituales de Wong, convierten cada escena en un fragmento de memoria. No una memoria exacta, sino una que se siente en la piel.
“Captura la vitalidad del Shanghai de los noventa y revela verdades universales sobre el deseo y el destino”, ha dicho el propio director. En su voz, como en su obra, todo es emoción contenida: poesía que se dice sin levantar la voz.