El arte de lo atemporal: COS Otoño/Invierno 2025

Entre minimalismo y contraste, la nueva colección de COS transforma la pasarela en un espacio donde la forma, el color y la textura dialogan en perfecta armonía.

Fotografía cortesía.

En un escenario arquitectónico de líneas puras y bajo una atmósfera cargada de contrastes, COS presentó su colección Otoño/Invierno 2025 en Nueva York.

La propuesta, fiel a la esencia minimalista de COS, se adentró en un estudio de materialidad y artesanía, donde el shearling, las pieles de efecto cocodrilo y las texturas inesperadas convivieron con siluetas clásicas reinterpretadas en nuevas proporciones. Para la directora creativa Karin Gustafsson, la clave está en mantener el diálogo entre lo atemporal y lo contemporáneo, apostando por piezas que trascienden las temporadas sin perder la frescura de lo inesperado.

En conversación con M Revista de Milenio, Gustafsson comparte los referentes, procesos e inspiraciones detrás de esta colección que reafirma a COS como uno de los nombres más sólidos en la moda global.

Karin Gustafsson.

¿Cuál fue el punto de partida para esta colección Otoño/Invierno: un estado de ánimo, una imagen, una obra de arte o algo más personal?

Esta temporada nuestro punto de partida fue la materialidad. A través de la exploración de telas y texturas, experimentamos con shearling y distintos acabados en piel —del efecto cocodrilo al pony o la gamuza— presentes en toda la colección. Con la artesanía como eje, buscamos crear piezas atemporales que se conviertan en clásicos duraderos del guardarropa. Al combinar siluetas tradicionales con proporciones lúdicas y un diálogo entre materiales, damos vida a algo fresco y emocionante, sin perder de vista nuestro código de diseño.

¿Hubo referencias inesperadas o influencias culturales que moldearon esta propuesta?

Nuestras fuentes de inspiración son muy diversas: una obra de arte, una escultura, la música, el cine, los archivos o una ciudad. Cada referencia cultural despierta nuevas ideas y caminos por explorar. En esta colección, ciertas piezas evocan los años cincuenta, con solapas amplificadas, proporciones exageradas y escotes abiertos. Son elementos estructurales, atemporales por naturaleza. Es reinterpretación con un giro contemporáneo.

COS es conocida por su carácter atemporal, pero en la moda siempre hay que evolucionar. ¿Cómo equilibran esas dos fuerzas?

Cada detalle del proceso creativo se cuida al máximo. La identidad de COS se centra en un diseño atemporal y una confección refinada, y sobre esa base abrimos espacio a la experimentación. Esta temporada celebramos nuestros íconos —desde la sastrería precisa hasta el cashmere—, pero también sumamos elementos inesperados: desde un abrigo largo de shearling en tono crema hasta acabados de piel efecto cocodrilo en prendas y accesorios.

La sostenibilidad es un valor clave de la marca. ¿Cómo influye en sus elecciones de materiales y en el propio montaje del desfile?

Todas las colecciones nacen con la versatilidad y la longevidad como prioridad. Nuestra intención es diseñar prendas elevadas para el día a día, pensadas para acompañarte por años. Esto se refleja en cada etapa del proceso, apostando siempre por materiales de calidad premium.

Más allá de la ropa, ¿qué historia quisieron transmitir con la puesta en escena, la música y la atmósfera del show?

Otoño/Invierno 2025 fue un estudio de contrastes, materialidad y artesanía, capturado a través de un juego evocador de espacio y luz. El gran fondo arquitectónico blanco resaltaba contra los tonos profundos y texturas de la colección. Con la fuerza de la música acompañando cada salida, buscamos transmitir una confianza poderosa y silenciosa.

¿Hacia dónde ven a COS en los próximos cinco años, en estilo, sostenibilidad o presencia cultural?

Queremos seguir siendo un destino imprescindible para piezas icónicas de guardarropa y diseños discretos pero sofisticados. Convertirnos en un referente que trascienda lo cotidiano y que continúe empoderando a quienes visten la marca.

¿Qué te inspira fuera de la moda en este momento —un libro, una exposición, una película o incluso una playlist?

Me inspiro en lo cotidiano. Para mí es vital hacer pausas, desconectarme y recargar energía. Recientemente redescubrí mi pasión por la equitación, que me nutre profundamente. También encuentro inspiración en los momentos simples, como pasar tiempo con mi familia y disfrutar del presente.

¿Recuerdas la primera prenda que diseñaste o modificaste?

Sí, por supuesto. Algunos de mis recuerdos más entrañables provienen de mi infancia en Linköping, Suecia. Desde pequeña mi madre me animaba a experimentar con patrones y telas, y yo le mostraba orgullosa cada creación. Esa curiosidad fue la que me llevó a estudiar sastrería y confección en Estocolmo.

¿Hay alguna prenda de la primera colección de COS que sigas usando hoy?

¡Muchas! Esa es la belleza de la calidad de COS: sus prendas perduran en el tiempo. Una en particular es una falda lápiz que se convirtió en un básico para mí, y que sigo usando y reinterpretando hasta hoy.

COS suele difuminar las fronteras entre lo femenino y lo masculino. ¿Qué tan intencional es ese diálogo en el proceso creativo?

Es totalmente intencional, aunque nace más de la intuición que de la teoría. Siempre nos han atraído las formas y detalles que trascienden los códigos de género. Un hombro marcado puede sentirse poderoso en cualquiera, así como un drapeado fluido puede aportar ligereza y elegancia sin importar el género. En esta colección ese balance es evidente: proporciones amplificadas y detalles refinados que invitan a cada persona a interpretarlos a su manera.

¿Cuál es tu prenda favorita de esta colección?

Es difícil elegir una sola, pero después de ver el desfile me quedo con el vestido de escote abierto inspirado en el New Look de los años cincuenta. Tiene una fuerza y una elegancia perdurable que trascienden el tiempo.

¿Qué pieza resultó más desafiante de diseñar?

Cada prenda tiene su complejidad, pero una de las más desafiantes fue un conjunto drapeado en el que queríamos lograr una caída continua que rodeara el cuerpo con fluidez. El reto era mantener la estructura sin perder naturalidad: debía sentirse ligero, pero intencional. Refinamos una y otra vez hasta lograr que la tela cayera en un solo gesto, como si hubiese sido trazada de una sola línea. Para mí, ahí es donde el oficio cobra vida.

¿Tienes una prenda “sagrada” en tu clóset, algo que sabes que nunca dejarás?

Sí, un blazer tipo esmoquin de COS al que regreso temporada tras temporada. Es una de esas piezas versátiles que se adaptan a cualquier ocasión, de día o de noche. Un verdadero imprescindible.