El eco del jazz en Ferragamo

Entre archivo y presente, donde la elegancia liberada se transforma en un manifiesto de modernidad, Maximilian Davis reinterpreta los años veinte en la última colección de Ferragamo para la Primavera/Verano 2026.

Fotografía cortesía.

Maximilian Davis convoca a los años veinte no como cita literal, sino como campo de tensiones donde archivo y presente se entrelazan. En esta temporada, su mirada regresa al origen de Ferragamo y al espíritu del jazz age, una época de emancipación estética y social.

La imagen de Lola Todd, estrella del cine mudo retratada en 1925 envuelta de leopardo, desata la exploración. Aquella exuberancia de estampados y texturas importadas desde África y el Caribe hacia Europa se traduce hoy en devoré de seda, cuero plongé trabajado como joya y flecos que interrumpen la superficie con un movimiento casi escultórico.

La silueta femenina se libera: cinturas caídas, espaldas bajas, encajes que abren resquicios en los slips, trajes clandestinos que reivindican una nueva feminidad. Davis lo nombra como celebración y resistencia. El eco masculino aparece en los zoot suits del Renacimiento de Harlem, donde las corbatas se transforman en fajas o fragmentos de patchwork sobre vestidos.

Liberación al ritmo del jazz

El grafismo de época se reinterpreta en charoles saturados, cierres Gancini y flores en crêpe de seda. El calzado, eje fundacional de la casa, despliega iteraciones del tacón escultórico “S”, pumps enjaulados y stilettos ceñidos con cadenas de inspiración fetichista. Los mules de boudoir, bordados con cuentas, contrastan con la sobriedad elongada de un derby masculino que extiende el archivo hacia la modernidad.

La marroquinería refuerza el gesto: la bolsa Hug se presenta en charol, cocodrilo estampado y piel tejida; el modelo foulard plegado reimagina los estampados de temporada; una bolsa de muñeca con broche dorado convive con plumas y flecos que expanden los bordes de la Soft bag. En la línea masculina, los paneles de piel tejida recorren versiones de la Hug y la Sailor, reafirmando la artesanía como manifiesto.

Davis convierte la década en espejo. No se trata de nostalgia, sino de un proceso de destilación, entre archivo y presente, la colección revela cómo la moda captura lo efímero y lo devuelve como permanencia.