
El sentido no se produce por continuidad, sino por disposición. En El libro de los pasajes, Walter Benjamin piensa la constelación como una forma de lectura que surge del montaje y del intervalo: cuando los fragmentos entran en relación y, al hacerlo, desplazan su significado. En el trabajo de Yuna Cabon y Misa Yamaoka, esa lógica se vuelve método. No se trata de acumular piezas para impresionar, sino de ordenar una serie de decisiones precisas para que la mirada haga conexiones.
Third Born se configura como un método de operación que atiende a la edición del espacio, la distancia entre obras y el tiempo de permanencia como condiciones de lectura. El espacio negativo regula ritmo, pausa y atención, y las exposiciones se conciben como secuencias de encuentros que activan la percepción de manera gradual.
Con As a Matter of Fact / De Hecho y de Materia, su exhibición más reciente, Third Born articula estas preocupaciones desde prácticas que examinan la percepción como una construcción material, corporal y política. La conversación con Yuna Cabon y Misa Yamaoka se despliega desde ahí, atendiendo a método, fricción y toma de decisiones.

Third Born surge de una alianza curatorial entre ustedes dos. ¿Qué afinidades intelectuales, desacuerdos productivos o necesidades compartidas dieron forma a esta colaboración y en qué momento decidieron asumir una estructura institucional?
Nuestra colaboración comenzó cuando nos conocimos mientras cursábamos un módulo de curaduría en Nueva York. Desde el inicio reconocimos una afinidad clara hacia prácticas artísticas sostenidas por procesos profundamente personales y por una investigación rigurosa, capaces de tensionar las tendencias dominantes del mercado. Compartíamos una curiosidad genuina por lo que el arte puede hacer y por cómo opera en el mundo.
Frecuentábamos galerías que sentíamos rígidas y excluyentes, y apareció el deseo de imaginar espacios más hospitalarios, donde la conversación alrededor de las obras pudiera darse de forma más profunda y menos prescriptiva. La decisión de trabajar desde una estructura galerística respondió a una necesidad concreta. Queríamos construir un marco sostenible que permitiera acompañar a los artistas a largo plazo, tanto en términos de producción como de circulación y venta. Los artistas necesitan vivir de su trabajo y nos interesaba crear un contexto económico que no simplificara la complejidad de las prácticas que nos importan.
En cuanto a los desacuerdos, ambas tenemos una opinión formada sobre casi todo. Eso genera un diálogo constante mientras formulamos y ajustamos el programa. Discrepamos con frecuencia, pero esa fricción produce decisiones más pensadas. Venimos de contextos culturales, formaciones académicas y experiencias distintas, lo que nos obliga a defender con claridad aquello en lo que creemos, ya sea un artista, un texto, una colocación o incluso una elección de marco. Cada decisión es compartida y surge del punto de cruce que encontramos juntas.


El nombre Third Born condensa una posición vital. ¿Cómo se transforma ese origen personal en un marco curatorial capaz de sostener un programa colectivo y una estructura pública?
Third Born tiene múltiples capas de significado. Habla de lo que llega después, de la energía del tercer arribo dentro de una historia que ya está en movimiento. Esa posición puede adoptar muchas formas y nos interesa como actitud de trabajo. Con el tiempo entendimos que esta idea funcionaba también como método.
Trabajamos desde el entre, construyendo sentido a través de la relación y no desde categorías fijas. Ambas hemos vivido entre lenguas, lugares y culturas, y nos atraen prácticas que comparten esa condición de desplazamiento, traducción e hibridez. En términos programáticos, esto se traduce en un compromiso con la investigación, el tiempo y la iteración. Nos interesan prácticas que sostienen complejidad y contextos donde las obras puedan desplegarse sin quedar atrapadas en una lectura inmediata.
Situada en la Ciudad de México, Third Born opera también como un tercer espacio dentro del ecosistema global del arte, abierto y poroso, donde el diálogo intercultural y el trabajo colectivo pueden crecer con continuidad.

Ustedes defienden prácticas basadas en la investigación y el tiempo. ¿Cómo se sostiene este valor dentro del sistema galerístico contemporáneo?
El tiempo es un valor curatorial, operativo y ético. Permite que la investigación sea algo más que un punto de partida y que las exposiciones mantengan complejidad. Nos interesa la posibilidad del retorno, que una muestra se experimente varias veces y que el vínculo con la obra se profundice.
A nivel operativo, el tiempo nos permite pensar, alojar a los artistas, trabajar con residencias y generar un espacio donde la experimentación pueda ocurrir sin prisa. También nos obliga a pensar más allá del coleccionismo inmediato y a sostener relaciones reales con los artistas.
Económicamente, defender el tiempo es difícil porque suele leerse como ineficiencia. Para nosotras es una inversión. Apostamos por relaciones de largo alcance y por una visibilidad que se construye de manera gradual. Sabemos que no es el modelo más lógico desde una perspectiva estrictamente comercial, pero es el que decidimos asumir desde el inicio.

As a Matter of Fact / De Hecho y de Materia articula corporalidad, óptica, memoria y política. ¿Qué tipo de pensamiento curatorial se activa cuando una exposición se construye a partir de condiciones perceptivas y materiales compartidas?
La exposición reflexiona sobre cómo se organiza la percepción y cómo se produce el significado. Las prácticas reunidas examinan la corporalidad, la óptica, la memoria y las políticas de la visibilidad a través de estructuras que median lo cotidiano.
Las obras ponen en evidencia sistemas materiales, arquitectónicos y afectivos que suelen operar de manera inadvertida. El espacio se entiende como un campo activo donde la percepción se ajusta y se desestabiliza. La exposición invita a desacelerar y a prestar atención a la presencia material y a los procesos frágiles mediante los cuales el significado llega a existir.

¿Qué tipo de fricción consideran productiva dentro de una exposición colectiva?
La fricción que nos interesa es aquella que recalibra la forma de mirar sin cancelar las obras. Diferencias de material, de ritmo o de escala pueden producir desplazamientos reales en la percepción. Nos interesa que las tensiones permanezcan abiertas y no se resuelvan en una tesis única.
Lo que debilita el diálogo es la fricción forzada, cuando las obras ilustran un argumento o cuando la diferencia se vuelve un gesto superficial. Buscamos tensiones que produzcan pensamiento y no contrastes decorativos.