
Conocido por transformar el traje de oficina en un símbolo de empoderamiento femenino. Composiciones a líneas limpias y sofisticadas. Así el mundo de la moda se queda sin uno de sus más grandes exponentes. Una marca imborrable en la cronología de los diseñadores. Entre las tantas figuras a las que vistió, desde estrellas de Hollywood hasta miembros de la realeza, destaca el icónico vestido de la princesa Charlene de Mónaco.

Armani se convirtió en sinónimo de moda italiana y regresó a Milán en el mapa como capital mundial de la moda. Fue también el diseñador más rico del planeta y uno de los pocos creativos que mantuvo el control absoluto de su casa de moda. Fiel a su visión hasta el final.
Su ambición lo paseó lejos de las pasarelas: creó restaurantes, complejos residenciales y hoteles alrededor del mundo. La huella aplastante que lleva su nombre nombre.

El cine también fue parte esencial de su obra. Sus diseños se inmortalizaron en películas como The Untouchables (1987), American Gigolo (1980), Batman: The Dark Knight (2008) y El lobo de Wall Street (2013).
Su último desfile fue la colección Giorgio Armani Menswear SS25, y, según su familia y colaboradores más cercanos, trabajó con la misma disciplina y pasión hasta el último día de su vida.