La soledad acompañada: Una conversación con Kitty Rice

La artista británica Kitty Rice captura la intimidad de la vida urbana en sus pinturas. Salones, miradas, roces, confluyen en un solo lienzo que imita la realidad.

Obra Alone, together, 2024

Las pinturas de Kitty Rice capturan la caótica intimidad de la vida urbana en tonos eléctricos. Sus lienzos están llenos de encuentros hedonistas: cuerpos apretados en la penumbra de un bar nocturno, momentos fugaces de conexión que oscilan entre el anonimato y la familiaridad. Cuando me senté con ella a platicar por videollamada– ella en Inglaterra, yo en Ciudad de México– su mundo de movimiento y recuerdos se desplegó ante mí.

Rice creció en el campo, en un mundo muy alejado de la energía cinética que alimenta su obra actual. “Creo que mi entusiasmo por la vida urbana viene de ese contraste. Me encanta la sensación de hedonismo y estar en un bar con mucha gente alrededor, me sigue pareciendo nuevo, emocionante. Creo que la proximidad de la gente es algo en lo que me fijo mucho en mi trabajo y en cómo se ven afectadas las dinámicas. Casi nunca hago paisajes”.

Los cuadros de Rice palpitan con una calidad onírica, sus figuras atrapadas en momentos liminales entre el movimiento y la quietud, la intimidad y el aislamiento. Le pregunté por su relación con la memoria en su trabajo. Me explicó cómo la memoria se encuentra en el acto mismo de pintar: “Es una continuación de movimiento, a veces acabas de dibujar algo y ya está en tu memoria muscular, es algo que puedes evocar, otras veces es una sensación de añoranza. Cada vez que vuelves a la pintura, estás construyendo sobre una idea anterior”. Pero la memoria como tema es algo de lo que se está alejando, “Últimamente intento apartarme de la nostalgia”.

Tenía curiosidad por saber qué era lo que le interesaba últimamente. “La cercanía, la intimidad entre las figuras. Me gusta que en un entorno urbano puedas estar muy cerca de la gente y a la vez sentirte solo. Puedes desconectar. Se ve en los cuadros de los maestros antiguos: multitudes de figuras apretadas, a menudo en escenas bíblicas o históricas. Me encanta esa densidad”, explica Rice sobre cómo se crean las relaciones a través de la composición. “Estas dinámicas y narrativas se forman simplemente jugando con el color y la pintura, no preconcibo una narrativa”.

Cuando pinta, sus referencias visuales surgen de diversos lugares, “Dibujo y pinto mucho del natural, así que tengo muchas referencias de rostros y gestos. A veces utilizo mi propio cuerpo como referencia, pintando mi propia mano en un gesto expresivo cuando necesito un punto de partida. Pero sobre todo, es una mezcla de dibujos del natural, de fotografías, de todo lo que absorbo”. 

Sus influencias van desde las escenas cotidianas y distintivos cuerpos de Caravaggio hasta la fotografía cruda e íntima de Nan Goldin. «Me gusta su mirada, esa sensación de estar dentro de un espacio hedonista, atrapado en un momento desprevenido». Hablar con Kitty, significaba sumergirse en el mar de referencias que conforman su mundo visual, “Me gusta ser influenciada por los pintores que me precedieron”. Mencionó muchos nombres como Philip Guston, que le ha hecho tomar conciencia de la idea alegórica en la pintura; Lisa Brice, y sus referencias a la historia del arte mezcladas con experiencias personales; o Catherine Goodman, con la que estudió y quien le ayudó a encontrar su estilo expresivo. 

Fotografía cortesía
Obra Blessed are those drowsy men, 2024

Nuestra conversación derivó hacia experiencias compartidas de la vida en la ciudad. Mencioné un viaje reciente a Nueva York, donde me impresionó una sensación específica de soledad urbana, diferente de la que percibo en Ciudad de México. Allí, la soledad me parecía más alienante. Me pregunté si se debía a que los mexicanos tienen un mayor sentido de comunidad, me había parecido una idea desalentadora. “No había pensado antes en el aspecto positivo de este anonimato, hasta que lo estabas diciendo ahora mismo”, le dije.  

Rice asintió. “Es una especie de alegría estar solos juntos, ¿no? Porque mientras hacíamos esta exposición, no dejaba de surgir la idea de la soledad”. La exposición más reciente de Rice, Fractured Solitudes, se presentó en la galería Jo-hs junto a la artista mexicana Andrea Villalón. “Andrea y yo estuvimos hablando de los temas de El laberinto de la soledad, y definitivamente hay una sensación de que si eliges la soledad– si tienes agencia en esa soledad– puede ser realmente empoderadora. Pero también hay otra versión, en la que estás exiliado, excluido o simplemente aislado de una forma totalmente distinta. Hay muchos tipos de soledad”. 

Nuestra conversación regresó a México, donde vivió de 2016 a 2019. “Cambió todo. Solía dibujar en blanco y negro; ahora pinto en capas de color expresivo. La forma en que existe el color en la Ciudad de México es increíble. El choque de una cochera brillante junto a una casa color pastel, los coches envejecidos, los edificios art decó… todo se filtra en mi trabajo. Y la forma en que el tiempo se superpone allí, cómo ves el pasado y el presente en la misma calle, eso me fascina”.

Ahora, de vuelta en Londres, se interesa por nuevos temas e insinúa una futura serie, “Siempre me ha gustado Derek Jarman y la forma en que habla del azul como espacio para el dolor, como si fuera el color del propio dolor. Últimamente, me interesa mucho explorar el duelo y el trauma, y creo que es en eso en lo que me voy a centrar: en cómo el color azul encarna esas emociones.”