Rodrigo Echeverría: Entre la luz y la memoria

Trazos compuestos por ligamentos de memoria son los que componen la obra de Echeverría. Retazos de vida pasada se hacen presentes en cada lienzo.

Rodrigo Echeverría
Obra Resting Judgments, 2023

Rodrigo Echeverría comenzó a construir su propio mundo a través de la pintura desde niño. “Empecé a pintar antes de saber lo que era”, comenta el artista. Creciendo en un ambiente católico, su infancia fue saturada de imágenes religiosas. Así se inició una constante deconstrucción de iconografías impuestas para entender qué significaban estos símbolos para él. “Es un proceso de re-entenderse fuera de estas imágenes”, reflexiona, refiriéndose a la iconografía religiosa. Esta, también satura la historia del arte, pero a la vez describiendo el inicio de un proceso artístico meticuloso y experimental. Aquí cada concepto y figura es despojada, cuestionada y reinterpretada. 

Rodrigo Echeverría
Fotografía cortesía

Hoy, su obra es un testimonio de resistencia contra la narrativa lineal, en favor de una exploración pictórica incesante. Su enfoque desafía la presión del mercado por trabajar en series, rechazando los principios del marketing que enseñan a definir quién es el artista. En su lugar, cada pieza es un experimento que desarma lo previo. “Siempre es un entendimiento muy fugaz, porque en el momento en que empiezas a entender las cosas, las imágenes, es cuando puedes caer en la trampa del marketing. Entonces lo que trato de hacer es siempre sabotear, por decirlo así, mi conocimiento”, comenta el artista.

Parte esencial de su práctica es el viaje, explorar diferentes culturas y espacios, pero tratar de hacerlo como un lienzo en blanco. Permite que los espacios hablen antes de imponerles un significado. “Algo que me gusta hacer es viajar sin haber leído nada. La historia universal te ha impregnado de ciertas nociones, pero tratar de descubrir el lugar a través de lo que te dice, sin prejuicios ya establecidos”, explica Rodrigo. Estas experiencias se convierten en una arqueología personal donde el recuerdo, la luz y la estructura del entorno se filtran en su estudio.

La memoria como lienzo artístico

Un ejemplo de esta metodología es Blind Narcissus, una obra nacida tras dos meses pintando en el desierto de Baja California. “Era un lugar tan inhóspito que si te dejan ahí, te mueres”, recuerda Echeverría. Cuenta su travesía entre la inhospitalidad del desierto “no hay agua, no hay agua, no hay agua, no hay reflejo, no hay contemplación. Hasta que finalmente llegas a un ojo de agua y te ves”, recuerda el artista. Ese momento de reconocimiento se volvió central en la pieza: un Narciso que encuentra el agua, pero es incapaz de verse reflejado en ella. Mientras, su alrededor está cubierto por colores brillantes, inspirado por la luz de Baja California. “Voy a un lugar y en vez de imponer mi estilo trato que el lugar re configure mi estilo. Es la única manera de entender los códigos del espacio.”

Obra Capitulares.. C de Concerta o de cansancio, 2024

Echeverría no pinta con fotografías ni con referencias convencionales. “Mis referencias son mi propia experiencia en el espacio. “Hago dibujos, paisajes, notas de luz, pero es en el taller donde esas memorias se mezclan”, explica. “Tengo demasiadas libretas con dibujos, hasta con gestos, o garabatos. Para mí dentro del garabato, hay observación. Estás en el lugar y tu cuerpo registra el espacio, es algo que una foto jamás podrá capturar”.

Al preguntar qué busca generar en el espectador, Rodrigo responde pensativo: una pausa en la razón. “Hay mucha pintura que se consume rápidamente […] Las pinturas que más me gustan son a las que regresas y regresas y puedas descubrir algo nuevo […] Creo que es lo más maravilloso del mundo, que siempre tengas la capacidad de asombro”.