
Desde su origen, SAN nació con la intención de compartir una tradición japonesa donde el té representa un momento de presencia y conexión con el entorno. Después de viajar por Japón, sus fundadores, Gianna y Adrian, decidieron trasladar esa filosofía a la vida cotidiana de la Ciudad de México. Hoy, el proyecto ya suma cuatro sucursales en la capital. Sin embargo, la de Polanco es, hasta ahora, la más inmersiva.
El nuevo espacio, ubicado en Isaac Newton 36, conserva la estética minimalista que caracteriza a la marca. La madera clara, la luz natural y una atmósfera silenciosa crean un ambiente de calma desde el primer momento. Además, el elemento que marca la diferencia es su sala de tatami tradicional, ubicada al fondo del local.

La carta se mantiene fiel a la esencia de SAN, con matchas de distintas regiones de Japón y preparaciones que permiten apreciar cómo el origen influye en el sabor y la textura de cada taza. Entre los imperdibles están el Matcha Latte, el Koicha Latte, el Hojicha y el ya famoso Matcha Crème Brûlée. Mi favorito es el Matcha Latte Coco.
La experiencia se complementa con panadería artesanal y una colaboración con Joe Gelato, que desarrolló dos sabores exclusivos: uno de matcha y otro de matcha con chocolate blanco y frambuesa (mi recomendación), pensados para acompañar el té.
SAN Polanco es un refugio para quienes buscan un momento de calma. Un recordatorio de que, a veces, el lujo más valioso es simplemente sentarse, respirar y disfrutar una taza de té preparada con atención.