
En una casona de los años 30, Piazza Pasticcio celebra casi un año en la colonia Juárez con un nuevo capítulo culinario. El chef italiano Matteo Zega lidera un menú más técnico y personal. Se conserva la calidez del proyecto, pero se suma una cocina precisa, emocional y enfocada en el producto.
Una cocina refinada y cercana
La propuesta busca ser “refinada pero no pretenciosa”. Matteo trabaja cada detalle, desde la producción en casa de pastas, quesos y embutidos hasta platillos como el Crudo del día, donde la pesca convive con prosciutto, pesto de pistache con kale y vinagre infusionado con rosas. El resultado es una experiencia que reinterpreta la cocina italiana desde una mirada moderna.
Producción artesanal y sostenible
Más del 90% de los productos italianos se elaboran en el restaurante con insumos locales. Se producen pastas como pappardelle y mafaldini, embutidos como guanciale y ‘nduja, y lácteos como ricotta y mozzarella. Cada semana se elaboran 15 kg de pasta fresca y hasta 60 kg de pasta seca. La Cacio e Pepe es la más solicitada en salón.
La filosofía prioriza ingredientes de temporada y alianzas con productores como Costa Pesca, Arca Tierra y El Tomatero. El enfoque sigue tres principios: estacionalidad, trazabilidad y sustentabilidad.




Alimentari: la experiencia para casa
En Alimentari, la tienda física y online de Piazza Pasticcio, se encuentran sus productos artesanales. Desde focaccia y taralli hasta limoncello y mermeladas, cada artículo refleja la idea de aprovechar al máximo cada ingrediente y minimizar desperdicios.
Un equipo con visión internacional
Matteo Zega aporta su experiencia en restaurantes como Mirazur, Noma y Quince. Francesco Gaillard, Director Creativo, combina hospitalidad y diseño de experiencias. Sofía Acuña, Directora de Operaciones, aporta su visión global desde proyectos en México, Europa y Asia.
En esta nueva etapa, Piazza Pasticcio no solo confirma su lugar en la escena gastronómica italiana en México. También se perfila como un punto de encuentro donde la técnica se funde con la emoción, y cada plato se convierte en un relato que invita a volver.