
Más a menudo de lo que me gustaría, solemos reconfirmar lo que se piensa sobre las franquicias, que suelen competir por nostalgia y no por narrativa. Andor —la serie menos complaciente del universo Star Wars— se ha convertido en una excepción inesperada. Su segunda temporada no solo fue aclamada por la crítica y defendida con fervor por sus seguidores, sino que ahora ha sido reconocida con 14 nominaciones a los Premios Emmy 2025, consolidando su lugar como una de las ficciones televisivas más ambiciosas y mejor ejecutadas del año.
Andor no trata sobre héroes míticos ni batallas grandilocuentes. En su lugar, el show creado por Tony Gilroy apuesta por lo que pasa entre los grandes eventos: la organización, la sospecha, la traición, la vigilancia. Es una serie sobre sistemas, sobre cuerpos anónimos que se agotan, sobre estructuras que se corroen desde adentro. En lugar de relatar el momento de la rebelión, narra todo aquello que hace posible —y necesario— que ocurra.

Las nominaciones lo reflejan: Mejor Serie Dramática, Guion Destacado, Dirección Destacada, así como reconocimientos técnicos en Edición de Imagen, Cinematografía, Vestuario de Ciencia Ficción o Fantasía, Efectos Visuales Especiales, Banda Sonora Original y Música y Letras Originales. Es una lista que habla de un proyecto pensado, donde cada componente —desde el ritmo narrativo hasta la atmósfera sonora— contribuye a una experiencia integral.
En un universo que rara vez mira con seriedad a la ciencia ficción más allá del espectáculo visual, Andor ha logrado lo que parecía improbable. Logró posicionar una precuela de Rogue One como una obra dramática compleja, adulta y profundamente relevante. Lo que hace es usar el andamiaje de la franquicia para desmantelar fórmulas. No hay cameos, ni recursos de merchandising. Hay tensión política, crisis ética, arquitectura narrativa y un elenco que funciona como engranaje de una máquina bien aceitada.

Paradójicamente, no se nominaron las actuaciones principales. Ni Diego Luna, protagonista, ni Genevieve O’Reilly, que entrega una de las versiones más densas y contenidas de Mon Mothma, aparecieron en las categorías individuales. Pero la fuerza del reconocimiento colectivo sugiere algo: Andor ha sido vista por lo que es —una obra paciente y estructuralmente coherente.
Andor demostró que aún es posible hacer televisión de género que respete a su audiencia. Que no necesite de la Fuerza ni del lightsaber para conmover, incomodar o emocionar.
Puedes ver las dos temporadas completas en Disney+.