
En Shiga, Japón, el artista mexicano Francisco Muñoz modela arcilla con paciencia. Desde abril, su residencia en el Shigaraki Ceramic Cultural Park, una de las instituciones más reconocidas del mundo en el arte cerámico, ha sido un laboratorio de pensamiento, forma y memoria.
Muñoz, cuya obra transita entre la escultura, el dibujo, la pintura y la instalación. Ha dedicado los últimos meses a crear una serie de piezas que entrelazan iconografía mesoamericana con la estética matérica de la cerámica japonesa. En sus manos, el barro local se convierte en un vehículo para la abstracción simbólica.
Originario de Tlaxcala, Francisco Muñoz ha construido una práctica que cuestiona los imaginarios nacionales desde una perspectiva estética. En su obra, lo precolombino, el artista activa, desplaza y reinterpreta lo colonial y lo contemporáneo como capas superpuestas.
Hoy, desde un estudio en las montañas de Shiga, sus manos siguen modelando lo que todavía no tiene nombre.


Formas híbridas, tiempos cruzados
Esta nueva serie da continuidad a una exploración más amplia que el artista ha venido desarrollando en los últimos años: la de las formas híbridas, objetos que establecen puentes entre geografías distantes y temporalidades dispares. En Shigaraki, ese cruce se profundiza. La residencia no es solo una experiencia técnica. Es una expansión conceptual donde el dibujo, el modelado y la transformación material se funden en un lenguaje propio.
A través de un proceso intuitivo, Muñoz dialoga con el legado cerámico japonés sin caer en el pastiche. Lo que emerge de ese diálogo son cuerpos escultóricos que invitan a una contemplación lenta, casi ritual.
Un momento clave en su práctica
Esta residencia marca un punto de inflexión en la trayectoria del artista. No solo por la profundidad formal que alcanza su trabajo tridimensional, sino también por la proyección internacional que supone esta colaboración con uno de los centros más importantes de la cerámica contemporánea.
Pero el momento de expansión no se limita a Japón. En paralelo, Muñoz fue seleccionado para participar en la XX Bienal de Pintura Rufino Tamayo, una de las plataformas más relevantes para el arte contemporáneo en México. La bienal, organizada por el Museo Tamayo y el INBAL, reunirá en agosto de 2025 en Oaxaca —y más adelante en la Ciudad de México— a un grupo de artistas cuya obra redefine los límites del medio pictórico. La inclusión de Muñoz no es casual: su lenguaje visual —donde confluyen la abstracción, la carga simbólica y la superposición cultural— se ha vuelto indispensable para pensar lo contemporáneo desde América Latina.
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