
12 de junio de 2025. La Ciudad de México, desde muy temprano, quedaba en la sombra de nubes grises que la cubrían de llanto. Al punto de las 19:30 horas en la Sala Nezahualcóyotl, Ed Maverick aprovecha esa melancolía para presentarnos con otra nube, una más suave, con olores de antes y vista al horizonte. Esa nube de color amarillo y transparente al sol, Eduardo Hernández Saucedo de Delicias, Chihuahua, la nombra La Nube en el Jardín.
Ed Maverick ha viajado por todo el mundo, ha llevado su música por escenarios de otras lenguas y otras caras. Sin embargo, su pluma le sigue perteneciendo al clima árido, al desierto mexicano. La inspiración para él se comienza a hervir desde el viaje, las experiencias, pero no se cuece por completo hasta llegar a casa, a su estudio. Es aquí, y solo aquí, que se permite ser él. ¿Dónde empieza y dónde termina ‘Ed Maverick’ para Eduardo Saucedo? Es complicado de decir. De cualquier forma, el resultado está ahí y encanta, mueve, sacude.
La gira actual, dice, no responde a las exigencias de una maquinaria de consumo, sino a un anhelo más antiguo y más honesto: el de escuchar. “El sistema nos obliga a consumir todo de una forma muy agresiva, sin poner atención a los rituales”, explica. Entonces él propone un alto. Una pausa. Espacio sin distracciones y un momento donde se respire a lo alto y a lo ancho. La rebeldía y la transgresión son también vertientes de la ternura y la intimidad. Y qué más intimidad que la de convertirse en uno con el público, una masa de cuerpos con una añoranza compartida. Una comunión de fuegos tenues, atrapados, asfixiados por la espera de un jardín. “Para nosotros como equipo esta gira se trata de un acto de resistencia”, declama el chihuahuense.
Así se entiende también la elección del recinto: la Sala Nezahualcóyotl. Su historia y belleza vibrando entre madera y silencio, parecía el sitio natural para que ese desierto tocara el suelo de la ciudad, al menos por una noche. Es entonces que empieza el homenaje; a la escucha, al momento fugaz, irrepetible. La Nube en el Jardín se desplegó ahí como se despliegan los recuerdos: con precisión emotiva, pero sin necesidad de certidumbre. Hay un dejo de despedida en la voz de Hernández, una suerte de imprecisión temporal al momento de subirse al escenario.
En exclusiva para M Revista de Milenio, Ed Maverick reinterpreta y reflexiona sobre su camino hasta el día jueves 12 de junio, en el que se encargó de mostrar a los 2200 espectadores de la Sala Nezahualcóyotl una nube sin precipitación, un jardín de vidrio y un recuerdo amable de su historia.




Como artista, ¿por qué hacer algo único e irrepetible?
Creo que el sistema nos obliga a consumir todo de una forma muy agresiva, sin poner tanta atención a los rituales. Parece que nunca tenemos tiempo de nada. De ahí nace esta gira, de regresar a los rituales, de darnos tiempo, de sentarnos y escuchar. Para nosotros como equipo, esta gira se trata de un acto de resistencia, de volver a apreciar los shows pequeños, con la gente necesaria para que se siga sintiendo personal y no solo se trate del mono parado en el escenario complaciendo al público.
¿Cambia tu manera de entender tu música después de haberla llevado por rincones de todo el mundo? ¿Cómo se siente regresarla a la Ciudad de México?
Viajar me ha abierto la cabeza a diferentes estéticas. Además, estar siempre lejos de casa es complicado, por lo que regresar a hacer música a mi estudio es algo que valoro mucho cuando estoy de gira. La Ciudad de México siempre ha sido un lugar con una energía peculiar para mi. Es muy distinta a lo que yo estoy acostumbrado. Regresar es lindo.
Contigo, más que con otros artistas, se ha creado una conexión muy profunda con tus escuchas. ¿Cómo equilibras esa expectativa que se ha creado hacia ti con tu crecimiento artístico?
Yo hago música para mí y en el camino ha encontrado a otras personas, pero mi única exigencia y expectativa es hacer los mejores discos que pueda, todo lo demás trato de dejarlo afuera.
Si pudieras guardar un solo momento de tu carrera en una caja fuerte para siempre, ¿cuál sería? ¿Sería para no recordarlo nunca más o para mantenerlo intacto en tu memoria?
Ninguno, mi carrera es eso, mi trabajo y nada más. Yo soy una persona que trabaja de músico y eso es hermoso, es un gran privilegio. He crecido mucho y he aprendido y madurado también. Obviamente hay cosas que no me gustan o que no me hubiera gustado pasar pero creo que hoy soy lo que soy también por esas cosas (aunque el show de Coachella fue uno de los mejores shows que he dado).
¿Por qué la Sala Nezahualcóyotl? ¿por qué La nube en el jardín encuentra ahí su espacio idílico?
La Nube en el Jardín siempre fue un acto muy rebelde para regresar al ritual de escuchar un disco completo. Desde su lanzamiento fue concebido así, y para la gira queríamos encontrar los lugares más lindos que pudiéramos para que la gente pudiera de verdad desconectarse y disfrutar. La Sala Neza es un lugar emblemático y le tengo mucho respeto, todos los venues de la gira, desde CDMX hasta Berlín, fueron en teatros para obligar a la gente a un formato de más tranquilidad y que no solo se tratara de un momento de euforia de un fanático al ver a un “ídolo”. Esa idea me parece muy vacía. Lo que yo valoro es el intercambio, me gusta que la gente escuche la música y disfrute más allá de la idea que puedan tener de mí.