Archivo de la Memoria Trans México: habitar el presente, ocupar el espacio y celebrar el pasado

El Archivo de la Memoria Trans México convierte la ausencia en presencia y el archivo en acto: una coreografía de imágenes, cuerpos y memorias que persisten.

Adolfo Patiño “Adolfotógrafo”, Terry Holiday, Armando Cristeto y Sarahí, 1978. Colección Terry Holiday. Cortesía del Archivo de la Memoria Trans México.

Vivimos en un país donde los archivos suelen responder a lógicas de Estado, moral y control, el Archivo de la Memoria Trans México se configura como un acto de insubordinación. No clasifica desde la neutralidad, sino que selecciona desde la herida. Fundado en 2019 por Brandy Basurto, Terry Holiday, Emma Yessica Duvali y César González-Aguirre, este archivo no reproduce las formas del saber oficial, las confronta. Su existencia responde a una urgencia histórica –la de conservar lo que sistemáticamente se ha querido desaparecer– pero también a una pulsión estética: la de construir, desde las ruinas del olvido, nuevas narrativas de belleza, deseo y resistencia.

Más que custodiar imágenes, el archivo produce historia. Lo hace desde los cuerpos que han sido expulsados de los relatos nacionales, pero también desde la posibilidad de imaginar genealogías trans que interrumpen la linealidad de la Historia con mayúscula. Sus fotografías, documentos, vestigios de vidas y objetos biográficos operan como artefactos afectivos que disputan el lugar de lo trans en la cultura mexicana.

A propósito de este gesto radical de memoria encarnada, M Revista de Milenio se sienta a conversar con dos de sus fundadoras, Terry Holiday y Emma Yessica Duvali, sobre los desafíos éticos de archivar lo íntimo, el papel del arte como vehículo de transmisión intergeneracional y la potencia política de inscribir los cuerpos trans en la esfera pública como presencia fundante. Lo que aquí se articula apunta menos a una nostalgia decorativa y más a una pedagogía de la insurrección.

Lucero León, Arreglándome y cambiándome, 1990. Colección Lucero León. Cortesía del Archivo de la Memoria Trans México.
Adolfo Patiño “Adolfotógrafo”, Primer cartel del grupo Shakkira Travesti Show” con Terry Holiday, 1979. Colección Terry Holiday. Cortesía del Archivo de la Memoria Trans México.

¿Cómo entienden ustedes la noción de “memoria viva” y qué implica activarla desde los cuerpos y biografías trans que han sido históricamente marginadas o borradas del archivo nacional?

Terry Holiday: La memoria viva es la necesidad y la obligación de tener presente e insistir en que los hechos y situaciones padecidas durante años, no solo no se repitan, por el contrario, buscar un camino para que nuestros derechos y logros no sean ignorados.

Emma Yessica Duvali: Memorias vivas son aquellas que tienen testimonios reales de la falta de Derechos Humanos y constitucionales, y el derecho es ahora, nuestro derecho a divulgar las sin razones del Estado para magnificarnos como delincuentes. Activar las memorias es ahora ya nuestro derecho. Implica rescatar las memorias vivas para que nunca más estas historias atroces se repitan en una sociedad. Es la revolución trans la que no permitirá que el árbol de la memoria sea secado.

El archivo nace como un gesto urgente de reconstrucción y denuncia. ¿Qué papel juega el acto de archivar en la sanación individual y colectiva de una comunidad que ha sido sistemáticamente violentada?

TH: La reconstrucción y denuncia tiene como propósito visibilizar la lucha que hemos llevado día a día, para evitar que se repitan los hechos que nos han marcado y, que al estar vivas, podemos dar a conocer a la gente en general y a las juventudes que no conocen las vicisitudes por las que pasamos antes de llegar al punto en que nos encontramos.

EYD: El papel de reconstruir la denuncia también implica una reparación del sistema a las posibilidades coartadas para un grupo de mujeres VULNERADAS. Y en este papel de sanar, el transmitirlo para las nuevas generaciones implica resiliencia.

¿Cuáles han sido los desafíos éticos y afectivos al momento de conservar y compartir imágenes o relatos que atraviesan el dolor, la pérdida y la violencia, pero también el gozo, el deseo y la resistencia?

TH: Uno de los mayores desafíos es mostrar la verdad de las vidas trans, que si bien tienen un lado triste y amargo, también señalan vidas y acciones positivas, dónde superando adversidades se llega a un final más favorable.

EYD: La ética la ocupamos para que el archivo crezca con historiales fidedignos. Para un proyecto de denuncia hacia los golpes, encarcelamientos y muertes injustas, solo nos queda seguir siendo contestatarias y creadoras de cambios y ese es nuestro gozo.

Adolfo Patiño “Adolfotógrafo”, Terry Holiday en el Teatro Garibaldi, 1977. Colección Terry Holiday. Cortesía del Archivo de la Memoria Trans México.

México, un país donde lo trans aún se criminaliza y se deslegitima, ¿cómo puede un archivo convertirse en una herramienta política para disputar narrativas y abrir grietas en el relato oficial de la historia?

TH: Como todo en la vida, ni son todas las que están, ni están todas las que son. El crisol dónde convergen tantas vidas, tantas historias, unas trágicas, otras de triunfo, es enorme y variado.

EYD: Es una herramienta política que destruye discursos oficialistas desde el momento mismo que exhibe las atrocidades y tantas grietas hemos abierto que ya hubo un proyecto para resarcir el daño. Proyecto que, por cierto, no aterrizó por la negación del Estado.

¿Cómo dialogan las imágenes del Archivo con los imaginarios cisheteronormativos que han representado –o distorsionado– a las personas trans en los medios, el arte o la cultura popular mexicana?

TH: Las imágenes del Archivo no son fotos de stock. Son historias de vida. El imaginario popular insiste en hacernos ver malas, pecaminosas, lujuriosas, cuando solamente somos personas. Con vidas comunes, dónde el propósito es salir adelante y demostrar que valemos, sin buscar privilegios, sino equidad.

EYD: Las imágenes dialogan con verdad, con hechos irrefutables; y ahora con las nuevas generaciones luchando desde el arte y los medios, la cisheteronorma ha perdido fuerza.

Hablando de un contexto de necropolítica y transfeminicidio, ¿qué significa para ustedes hablar de “futuros” y cómo los imaginan a partir del trabajo de memoria?

TH: Ya se ha lucrado mucho con historias acerca del dolor de las trans. No podemos vivir encasilladas en ese círculo de muerte y tragedia. Por el contrario, sin olvidar los tristes hechos que muchas veces ensombrecen a nuestra población, queremos que se conozca el lado de lucha y resiliencia que nos caracteriza.

EYD: El futuro ya está acá. Con la existencia de archivos que desean hacer cambios y mujeres trans incursionando en la política, en el arte, en la medicina, en la abogacía, etcétera. Imaginamos una construcción de verdaderas inclusiones en todos los ámbitos, solo falta ver el apoyo de diferentes SC para seguir impulsando estás memorias y las que faltan.

El archivo no sólo guarda el pasado, sino que propone formas de vivir el presente. ¿Qué nuevas genealogías, afectos o alianzas han surgido a partir de este gesto de memoria compartida?

TH: Las redes sociales, el internet, la inmediatez de las comunicaciones nos han permitido conocer y convivir con chicas de México y alrededor del mundo. El aporte del Archivo es importantísimo para conocer las diferencias y similitudes con mujeres trans de distintas latitudes, edades, y comparar esos puntos que debemos tomar en cuenta para nuestro crecimiento.

EYD: Muchas y muchos afectos, y también ideas  detractoras, ya que siendo un proyecto de visibilidad digna a muchas entes les produce escozor reconocer que estamos NUEVAMENTE logrando cambios.

¿Cómo se negocian las tensiones entre la visibilidad y la exposición, entre lo íntimo y lo público, en una comunidad que ha vivido bajo el riesgo constante de la mirada punitiva?

TH: Creo que estamos cansadas del ocultamiento y la invisibilidad. Nuestras vidas e historias deben ser conocidas para demostrar que no todo es sufrimiento y dolor. Nos hemos sobrepuesto a todo y a todos, y no podemos permitir que seamos tratadas con indiferencia, porque eso nos hace cómplices de la gente que nos quiere desaparecer.  Somos, estamos, vivimos y luchamos. Nuestra fuerza y nuestras herramientas están aquí, en el Archivo. En historias, en imágenes, en la conquista de espacios y en la más amplia difusión de nuestros logros.

EYD: Así, visibilizando lo íntimo y lo público, exhibiendo  la mirada punitiva constante a nuestras cuerpas, a nuestras sexualidades, a nuestras relaciones amatorias y de amistad.

Autor desconocido, Emma Yessica Duvali en “El Noa Noa”,  ca. 1979. Colección Emma Yessica Duvali. Cortesía del Archivo de la Memoria Trans México.
Autor desconocido, Antonella Rubens con Rosella, 1980. Colección Antonella Rubens. Cortesía del Archivo de la Memoria Trans México.

En su experiencia, ¿cuál ha sido la respuesta institucional y social ante este archivo? ¿Han sentido acompañamiento real o se sigue esperando que la memoria trans se mantenga en los márgenes? 

TH: Aunque hemos contado con el apoyo de mucha gente, sobre todo en el sector cultural, hemos mantenido el proyecto al margen de lo institucional, porque no hemos recibido ningún apoyo real. Te reciben, te escuchan, te ignoran. Tenemos que seguir haciendo nuestra lucha como podemos, y con quién desee apoyarnos. No queremos que el Archivo sirva para que el funcionario en turno se “pare el cuello” con algo que nos ha costado tiempo, dinero y esfuerzo.

EYD: ¿Respuesta institucional? Ja, solo buscan aparecer como los apoyadores si los archivos pasan a ser de “su” bandera de apoyo. Los archivos deben ser contestatarios revolucionarios y de dignidad. Aceptar apoyo de quien siempre nos ha marginado es incongruencia total. Seguiremos de la mano con SC y gente del gremio cultural no institucional.

Hasta ahora, el archivo ha habitado el espacio digital como un gesto de accesibilidad y resguardo. ¿Han pensado en llevarlo al ámbito físico? ¿Qué significaría para ustedes ocupar museos, galerías o centros culturales con estas memorias trans, y cómo imaginan esas posibles curadurías?

TH: Podemos decir que aunque el Archivo es de reciente creación, lucha por conseguir un sitio bien posicionado. Cohesión y coherencia, para llegar a un público mayor y, con sus diversas actividades seguir ocupando lugares, que en un pasado no muy remoto, hubiera sido imposible e impensable. Fotos, revistas, recortes, vestidos, objetos. No son cosas. Son parte de vidas reales. No podemos permitir que se pierdan, mucho menos que se olviden.  En la situación mundial que vivimos, no podemos ser cómplices de la eliminación sistemática de todo lo que no entienden. 

Las trans tenemos que hablar por nosotras, y contar nuestras vidas, que valen tanto como cualquier otra. Y que quede claro, Ser Trans no es obligatorio. Es una decisión que una asume, que una no elige, que es nuestra vida.

EYD: Claro que hemos pensado un lugar de resguardo donde se hable de cultura y arte. Ocupar, como ya lo hemos hecho, galerías y museos es una labor titánica ya que siempre está de por medio el asunto de los dineros. Recibir apoyo de SC, sí; apoyo gubernamental no.

Autor desconocido, Debut del grupo travesti Ecstacy”, Mika, Gil Cardiel, Juan Gabriel, Terry Holiday y Bonny Collazo, 1985. Colección Terry Holiday. Cortesía del Archivo de la Memoria Trans México.

¿Qué tipo de legado desean dejar a las nuevas generaciones trans y qué rol creen que debe jugar la cultura –el arte, la fotografía, la escritura– en esa transmisión intergeneracional?

TH: Nuestro legado ya se está haciendo presente. La gente empieza a conocernos, y se han abierto varias puertas para poder mostrar nuestro trabajo, en distintas áreas que abarca el Archivo, el cual no es solo un montón de fotos, sino de emociones, presencia y visibilidad. Lo hacemos hoy, para que las de ayer recuerden, las de hoy aprendan, y las de mañana aprovechen lo logrado.

EYD: Las nuevas generaciones ya conocen y saben de nuestras luchas visibilizadas desde el archivo y otras posibilidades surtidas desde nuestra libertad ganada a pulso. Por supuesto que el arte y la cultura la fotografía y la escritura  han contribuido a qué ahora las generaciones nuevas  me nombren abuela, madre tía y hasta mujer revolucionaria y con mucho respeto.