Memo Ochoa, el hombre detrás del uniforme.

Busqué a Memo Ochoa para esta entrevista porque, más allá de las estadísticas, los récords y las discusiones que inevitablemente acompañan a una carrera tan larga, siempre me ha impresionado la forma en que juega con todo el corazón.

Durante más de dos décadas, Memo ha defendido la portería de México y ha construido una trayectoria extraordinaria entre nuestro país y Europa. Ha comenzado de nuevo en distintas ligas, ha resistido críticas, cambios generacionales y momentos en los que muchos dieron por terminada su historia. Pero ha seguido ahí: compitiendo, entrenando y respondiendo cuando la cancha se vuelve más grande.

Quise hablar con él no solo sobre los Mundiales o las atajadas que ya forman parte de la memoria colectiva, sino sobre lo que existe detrás del uniforme: los sacrificios, la distancia, la disciplina y el costo personal de representar a un país durante tantos años. También quería felicitarlo por algo que ninguna estadística puede medir del todo: la entrega con la que ha jugado cada partido y esa capacidad de defender la camiseta mexicana como si siempre fuera la primera, o la última, vez.

Estas fotografias, las hicimos durante la pandemia por Covid de la mano de el reconocido fotógrafo Kurt Iswarienko y Sarah Gore Reeves, nuestra editora en jefe, en exclusiva para M La Revista de Milenio.

Memo, has pasado dos décadas representando a México. ¿Qué parte de Guillermo Ochoa se ha tenido que sacrificar para que Memo Ochoa siga llegando a Mundiales?

He sacrificado mucho tiempo con mi familia, momentos que no vuelven. Cumpleaños, vacaciones, días normales que para mucha gente pasan desapercibidos y que para mí muchas veces significaron estar lejos, entrenando o concentrado.

También he sacrificado comodidad. Siempre elegí seguir compitiendo, salir de mi zona de confort, empezar de nuevo en distintos países y demostrar una y otra vez que podía seguir al máximo nivel. Pero cuando miro hacia atrás, entiendo que todo eso ha valido la pena porque representar a México ha sido el mayor privilegio de mi carrera.

Si 2026 fuera tu último Mundial, ¿qué te gustaría que la gente recordara de ti más allá de las atajadas y los récords?

Me gustaría que recordaran a alguien que nunca dejó de intentarlo. Un jugador que respetó la camiseta, que trabajó todos los días y que entendió que representar a México era una responsabilidad enorme.

Los récords eventualmente los supera alguien más. Lo que permanece es la forma en que haces las cosas. Ojalá la gente recuerde la constancia, la disciplina y el orgullo con el que defendí a mi país durante tantos años.

La narrativa alrededor de tu carrera siempre ha estado ligada a la resistencia: críticas, cambios generacionales, dudas sobre tu continuidad. ¿Qué has aprendido sobre ti mismo en esos momentos donde parecía que ya te habían retirado?

Aprendí que las opiniones cambian muy rápido, pero el trabajo siempre habla. Hubo momentos en los que mucha gente pensó que mi historia en la selección había terminado, y sin embargo aquí sigo.

También aprendí a escuchar menos el ruido y más a las personas que realmente importan. La experiencia te da tranquilidad. Ya no sientes la necesidad de demostrarle nada a nadie. Lo único que intentas demostrarte es que sigues siendo capaz de competir al máximo nivel.

Vas a disputar un Mundial en casa, algo que muy pocos futbolistas mexicanos han experimentado. ¿Cómo ha cambiado tu relación con México desde aquel joven portero de Alemania 2006 hasta el hombre que podría jugar en 2026?

Cuando era joven veía a México desde la ilusión de un futbolista que estaba cumpliendo un sueño. Hoy lo veo desde una perspectiva mucho más profunda.

He vivido muchos años fuera del país y eso me hizo valorar aún más lo que significa ser mexicano. Entendí que cuando representas a México no solo juegas por ti o por tu generación; también representas a millones de personas que se identifican con esa camiseta.

Por eso jugar un Mundial en casa tiene un significado muy especial. Fue una forma muy bonita de cerrar un ciclo que comenzó hace veinte años.

Cuando miras a los porteros jóvenes que hoy compiten por tu lugar, ¿te ves reflejado en ellos o sientes que pertenecen a una generación completamente distinta a la tuya?

Hay cosas en las que me veo reflejado: la ilusión, las ganas de crecer, el deseo de llegar a la selección. Eso no cambia con las generaciones.

Lo que sí cambia son las herramientas, la preparación, la forma en que viven el fútbol y la exposición que tienen desde muy jóvenes. Pero la esencia es la misma. Todos empezamos soñando con defender la portería de México.

Y eso me gusta. Porque significa que el futuro de la posición está en buenas manos. La competencia siempre ha sido algo positivo para mí y creo que también ayuda a que la selección siga creciendo.