Topografía habitada: Villas del Vigía y el arte de mirar al mar

Encaramado sobre el Cerro del Vigía, el nuevo proyecto de CAAM, Villas del Vigía, redefine la relación entre arquitectura y paisaje.

Villas del Vigía
Fotografía cortesía.

El Cerro del Vigía, con su trazo irregular y su vista abierta a la Bahía de Zihuatanejo, es el escenario del proyecto Villas del Vigía. Diseñado por CAAM, es una propuesta que no busca imponerse sobre el paisaje, sino acompañarlo con inteligencia y discreción.

Ubicadas sobre un terreno de pendiente pronunciada, las Torres A y B albergan siete villas cada una, elevadas sobre un basamento que compensa el desnivel con precisión estructural. Lejos de ocultar la topografía, el proyecto la abraza y la convierte en parte esencial del recorrido arquitectónico. Las villas —con superficies que oscilan entre 140 y 260 m²— no se apilan ni se repiten: se entretejen con el entorno, cada una respondiendo a la singularidad del punto donde se posa.

Villas del Vigía
Fotografía cortesía.
Villas del Vigía
Fotografía cortesía.

Pero el valor real del proyecto no está solo en la vista —aunque es generosa y total—, sino en cómo se llega a ella. CAAM parte de una geometría aparentemente sencilla —dos rectángulos base— y comienza a trabajarlos con cortes, giros y vacíos estratégicos. Lo que podría haber sido un bloque rígido se transforma en una serie de volúmenes fragmentados, que se abren, se doblan y se curvan, generando una circulación fluida y orgánica.

La estrategia es doble: por un lado, se rompen los ejes ortogonales para generar una espacialidad más rica; por otro, se curvan las plantas, suavizando la presencia de las torres y permitiendo que se integren mejor al perfil del cerro. Estas curvas no solo aligeran la volumetría; también hacen que las torres parezcan deslizarse con naturalidad hacia el mar.

Villas del Vigía
Fotografía cortesía.
Villas del Vigía
Fotografía cortesía.

Cada espacio —desde una sala abierta hasta una recámara principal— tiene una relación directa con el exterior, no como un fondo de pantalla, sino como parte activa del interior. En Villas del Vigía, mirar al mar no es un accidente: es la premisa del diseño. La arquitectura no enmarca la vista de forma literal, la coreografía. La dirige. La dosifica. La multiplica.

El resultado es una arquitectura silenciosa, pero llena de decisiones sutiles. Que entiende que en un sitio como este, el mayor lujo está en la capacidad de conversar con el paisaje. En Villas del Vigía, habitar es también aprender a mirar. Y hacerlo bien.

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